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El rincon de ingenieria de infragon

Nuestro cerebro elige por nosotros un poco antes que nosotros

Nuestro cerebro elige por nosotros un poco antes que nosotros

Tendemos a pensar que nuestras decisiones están tomadas por nosotros mismos. Pero una serie de sorprendentes experimentos revelaron que lo que ya llamamos “nosotros” vive una copia de la realidad ligeramente retardada. Quien maneja los hilos es otra persona que tiene la forma de nuestro cerebro.

Cuando cualquiera de vosotros piensa que está tomando una decisión, en realidad no hace más que contemplar pasivamente una especie de vídeo interno retrasado (concretamente con un retraso de 300 milisegundos) de la auténtica decisión que tuvo lugar inconscientemente en el cerebro un buen rato antes de que “se os ocurriera”, por ejemplo, levantar un brazo.

El neurocientífico Michael Gazzaniga lo expresa así:

Ben Libet determinó que los potenciales cerebrales se activan 350 milisegundos antes de que tengamos la intención consciente de actuar. De modo que antes de que seamos conscientes de que estamos pensando en mover el brazo, nuestro cerebro ya está trabajando para realizar el movimiento.

Visto así, entonces, ¿qué papel tiene la voluntad consciente en el acto voluntario? ¿Somos responsables de lo que hacemos? Más o menos. Aunque el envío de la orden para realizar un acto se realiza antes de que voluntariamente lo hayamos querido, lo cierto es que disponemos de unos 100 milisegundos para detener ese acto (aunque no siempre, mirad lo que pasa cuando alguien amaga un golpe contra vuestra cara: cerráis los ojos aunque no queráis).

Como dijo el neurocientífico Vilayanur Ramachandran, entonces: “Esto sugiere que nuestras mentes conscientes tal vez no sean libres de hacer cosas, sino más bien de no hacerlas.”

Pero ¿en qué consistió el experimento de Ben Libet para que pueda afirmarse que nuestro cerebro funciona más rápidamente que nuestra consciencia?

Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de cirugía cerebral. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba electrónicamente su actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que hay un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.

Otro experimento que realizó Libet fue el de poner electrodos sobre el córtex somatosensitivo de pacientes despiertos (la región del cerebro sobre las que circulan las informaciones sensoriales registradas a lo largo del cuerpo).

Con la ayuda de una débil corriente eléctrica, Libet provocó sensaciones en la superficie de la piel de los pacientes cuya duración temporal variaba deliberadamente. Comprobó que si disminuía la duración de los impulsos eléctricos, los pacientes percibían cada vez menos esta agresión y que por debajo de las 500 milésimas de segundo, no se enteraban de nada de lo que ocurría sobre su piel.

Vía | La evolución de la libertad de Daniel Dennett / Tendencias 21

Lo que vemos cuando no vemos

Lo que vemos cuando no vemos

Según los neurólogos, la visión humana es el ejemplo perfecto para explicar la modularidad de nuestro cerebro: es decir, que cada parte de nuestro cerebro tiene funciones exclusivas.

Gracias a la tomografía de emisión de positrones, que permite desentrañar los secretos del cerebro en tiempo real, mostrando los cambios de metabolismo que acompañan a la actividad del cerebro, se sabe que en el acto de ver están implicados diversos centros o módulos cerebrales, cada uno de ellos encargado de un aspecto.

Así pues, mirar algo no es copiarlo tal cual en el cerebro, si no que los distintos mensajes visuales se distribuyen en diferentes áreas cerebrales para su elaboración. De esta manera, se conocen las siguientes áreas del cerebro implicadas en la visión:

V1, que es el área primaria, de la cual parte la información que se distribuye a las áreas:

V2, facilitador general del flujo de información visual.

V3, se encarga del reconocimiento del movimiento y de las formas en general.

V4, se encarga del color.

V5, de los movimientos en general.

Así pues, la lesión en una de estas áreas de la corteza visual sólo afectará a un aspecto de la visión, dejando los otros intactos.

Por ejemplo, si se lesiona el área V1, el resultado es lo que se conoce como “agnosia visual”, es decir, el paciente puede reconocer los distintos componentes de la forma, pero no el significado de lo que ve.

Lesión en el área V4: el color desaparece de la visión, y sólo se percibe el mundo en diferentes tonos grises. La gente que percibe el mundo así lo pasa realmente mal a la hora de comer, por ejemplo. Este síntoma se llama acromatopsia, y no sólo borra el color del presente y del futuro, sino que también lo borra del pasado. La persona es incapaz de recordar nada en colores.

Lesión en el área V5: produce acinetopsia, es decir, la incapacidad de percibir movimientos. La gente entonces percibe el mundo como una serie de instantáneas, de imágenes estáticas: los coches de la calle no se mueven, sino que cambian de posición de repente. De alguna manera, es como el Bullet Time de Matrix (esos planos lentos en los que uno puede esquivar las balas), pero sin ninguna de sus ventajas.

Vía | El cerebro nos engaña de Nolasc Acarín

Alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe I y II

Alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe (I)

Por mucho que filósofos y pensadores de todas las épocas de la historia hayan elucubrado sobre cuánto hay de verdad en lo que vemos y cuánto hay de construcción mental, lo cierto es que empezamos a desentrañar esas cuestiones cuando la ciencia empírica aplicó su microscopio escudriñador.

Basta de filosofías, el color no existe en la naturaleza. O, al menos, no existe en la naturaleza tal y como pensamos que existe. La luz visible está constituida por una longitud de onda que varía continuamente, sin ningún color intrínseco en ella.

La visión del color es impuesta sobre esta longitud de onda por los conos, las células fotosensibles de la retina, y las neuronas que los conectan al cerebro.

Si os apetece, podéis iniciar este viaje a través de un audio, el capítulo 6 de la novela podcast Las gafas de Platón, que yo mismo intento leer, y que contiene un fragmento dedicado a este descubrimiento:

Gracias a la casualidad (mi contrateísmo no me permite decir a Dios) me tropecé con un artículo sobre la luz y sus características. Aquella lectura fue la que atrapó para siempre mi interés, la que estiró el cordel de mi ingenio y mi sentido de la maravilla, enredado hasta aquel momento de un modo inextricable en mi cerebro. A menudo, mientras pintaba mis cuadros impresionistas, me había asaltado la curiosidad acerca de si los demás percibían igual que yo aquel conjunto de colores yuxtapuestos, pero deseché el intento de saciarla al no contar con la herramienta objetiva necesaria. Al terminar aquel artículo y aprender cómo informaba el ojo al cerebro sobre las longitudes de onda de la luz, había hallado esa herramienta: la ciencia.
No se conoce si las sensaciones subjetivas que distintas personas asocian con longitudes de onda concretas son idénticas, no obstante la ciencia puede constatar a nivel físico qué es el rojo y qué es el azul. La función principal de la ciencia era aquella: determinar de un modo más objetivo cómo son o cómo funcionan los fenómenos que nos rodean.

La visión del color empieza cuando la energía luminosa es absorbida por tres pigmentos diferentes en los conos, a los que los biólogos han denominado células azules, verdes o rojas en función de los pigmentos fotosensibles que contienen. La reacción molecular que la energía luminosa desencadena es transducida en señales eléctricas que son retransmitidas a las neuronas del ganglio retinal que forman el nervio óptico.

Aquí la información de longitud de onda es recombinada para que proporcione señales distribuidas a lo largo de dos ejes. El cerebro interpreta un eje como verde a rojo y el otro como azul a amarillo, estando el amarillo definido como una mezcla de verde y rojo.

La intensidad de la señal eléctrica que se transmita a continuación informa al cerebro de la cantidad de rojo o verde que está recibiendo la retina. La información colectiva de este tipo procedente de un enorme número de conos y de neuronas ganglionares retorna al cerebro, a través del quiasma óptico y hasta los núcleos geniculados laterales del tálamo, que son masas de neuronas que constituyen una estación de paso cerca del centro del cerebro y, finalmente, a conjuntos de células de la corteza visual primaria en la parte posterior extrema del cerebro.

En la siguiente entrega de esta serie de artículos continuaremos el alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe.

Vía | Cómo funciona la mente de Steven Pinker / Las gafas de Platón de Sergio Parra / Consilience de Edward O. Wilson

Alucinante viaje biológico para comprobar que el color no existe (y II)

Después de que suceda todo lo que describí en la anterior entrega de esta serie de artículos sobre cómo percibimos los colores, en cuestión de milisegundos, la información visual, ahora codificada en función de los colores, se extiende a diferentes partes del cerebro.

La manera en que nuestro cerebro responda a esta información depende de la entrada de otros tipos de información y de las memorias que levante.

Sigue Edward O. Wilson:

Las pautas invocadas por muchas de tales combinaciones, por ejemplo, pueden hacer que la persona piense palabras que se refieran a dichas pautas, como: “Ésta es la bandera norteamericana; sus colores son rojo, blanco y azul”. Tenga presente el lector la siguiente comparación cuando considere la aparente obviedad de la naturaleza humana: un insecto que estuviera volando junto a nosotros percibiría diferentes longitudes de onda, y las descompondría en diferentes colores o en ninguno en absoluto, dependiendo de su especie, y si de algún modo pudiera hablar, sus palabras serían difícilmente traducibles a las nuestras. Su bandera sería muy distinta a la nuestra, gracias a su naturaleza insectil, por contraposición a nuestra naturaleza humana.

La química de los tres pigmentos de los conos (los aminoácidos de que están compuestos y las formas que adoptan sus cadenas al replegarse) es conocida. Lo mismo ocurre con la química del ADN en los genes del cromosoma X que los prescribe, así como la química de las mutaciones en los genes que causan ceguera para los colores.

Así pues, mediante procesos moleculares heredados, el sistema sensorial humano y el cerebro descomponen las longitudes de onda en unidades. Una disposición impuesta por la genética, y que por tanto no puede cambiarse por aprendizaje o imposición cultural.

La creación de vocabularios del color en todo el mundo está sesgada por esta misma limitación biológica. En un famoso experimento llevado a cabo en la década de 1960 en la Universidad de California en Berkeley, Brent Berlin y Paul Kay comprobaron la limitación en hablantes nativos de 20 lenguajes, entre los que se contaban el árabe, búlgaro, cantonés, catalán, hebreo, ibibio, thai, tzeltal y urdu.

Se pidió a los voluntarios que describieran su vocabulario de una manera discreta y precisa. Se les mostró una serie de Munsell, un conjunto de placas que varían a lo largo del espectro de color de izquierda a derecha, y en intensidad luminosa desde la parte inferior a la superior, y se les pidió que colocaran cada uno de los principales términos de color en su idioma en placas que se acercaran al significado de las palabras.

Aunque los términos varían de forma asombrosa de un lenguaje a otro por su origen y sonido, los hablantes los colocaron sobre la serie en grupos que correspondían, al menos de manera aproximada, a los colores principales, azul, verde, amarillo y rojo.

Ofrecida la base genética de la visión de los colores y su efecto general sobre vocabulario del color, ¿cuán grande ha sido la dispersión de los vocabularios entre las diferentes culturas? Pues depende. Pero la expansión no ha sido de ninguna manera aleatoria.

Podéis leer más sobre ello en el artículo Las formas que tiene el lenguaje de referirse a los colores que escribí para Papel en Blanco.

Vía | Cómo funciona la mente de Steven Pinker / Las gafas de Platón de Sergio Parra / Consilience de Edward O. Wilson

La materia perdida del Universo estaría a 400 millones de años luz de la Tierra

La materia perdida del Universo estaría a 400 millones de años luz de la Tierra

Un equipo de científicos ha econtrado evidencias de la “materia perdida” en el Universo cercano utilizando dos telescopios de rayos X (el Chandra y el XMM-Newton). Esta materia, compuesta por gas caliente difuso conocido como WHIM (medio intergaláctico templado-caliente), ha sido uno de los persistentes misterios cosmológicos de los últimos tiempos. Para obtener estos resultados, los investigadores analizaron la luz de rayos X procedente de un lugar del cosmos que se encuentra a 400 millones de años luz de la Tierra. Por Yaiza Martínez.
La materia perdida del Universo estaría a 400 millones de años luz  de la Tierra
Un equipo de astrónomos ha conseguido encontrar una vasta reserva de gas intergaláctico situada a unos 400 millones de años luz de la Tierra en la que podría encontrarse la “materia perdida” del Universo que los científicos llevan años buscando.

El Universo contiene miles de millones de galaxias, pero se sabe que sólo una pequeña cantidad de la materia que lo conforma se encuentra en ella, y es claramente visible. El resto, creado durante y justo después del Big Bang, es gas ionizado difícil de observar directamente.

Los científicos, dirigidos por el astrónomo Taotao Fang, de la Universidad de California en Irvine (UCI), utilizaron los telescopios del Observatorio de rayos X Chandra de la NASA y del Centro XMM-Newton de la ESA para observar dicha vasta reserva de gas intergaláctico, encontrando en ella la evidencia más importante hasta la fecha de que allí se encuentra la materia universal perdida.

Misterio y predicción

La materia perdida está compuesta por bariones, una familia de partículas subatómicas (como protones o neutrones) presente también en la Tierra, las estrellas, las galaxias, etc.

Hasta ahora, las mediciones realizadas de nubes de gas distantes y galaxias habían proporcionado una buena estimación de la cantidad de esta materia presente en el Universo cuando éste tenía sólo unos pocos miles de millones de años.

Sin embargo, un recuento del universo cercano mucho más antiguo ha revelado siempre sólo alrededor de la mitad de la materia normal presente en él, lo que ha supuesto una deficiencia demasiado amplia en las estimaciones.

Según publica la NASA en un comunicado, el misterio era, por tanto, dónde residía la materia perdida del universo cercano.

En predicciones anteriores se había establecido que la mayoría de ella debía encontrarse en forma de gas difuso y caliente, bautizado como Warm-Hot Intergalactic Medium (WHIM) (“medio intergaláctico templado-caliente”).

WHIM estaría compuesto por el material generado a partir de la formación de las galaxias. Sin embargo, hasta ahora, había sido difícil de captar debido a que la materia que lo compone es tan difusa que las propias observaciones lo atraviesan.

Descubierta por la luz

Fang y sus colaboradores lo han conseguido de la siguiente forma: examinaron los registros de rayos X de un agujero negro supermasivo y de rápido crecimiento, un núcleo galáctico activo o AGN. Este agujero negro, que se encuentra a una distancia de unos dos mil millones de años luz, genera cantidades inmensas de luz de rayos X, a medida que absorbe la materia hacia su interior.

Situada a lo largo de la línea de observación de este AGN, a una distancia de alrededor de 400 millones de años luz de la Tierra, se encuentra una estructura conocida como Pared del Escultor.

Esta estructura es muy difusa y se prolonga a lo largo de decenas de millones de años luz conteniendo en su interior miles de galaxias y, según se creía, también una reserva importante de WHIM, en el que podría hallarse la materia buscada.

El WHIM de la Pared del Escultor absorbe algunos de los rayos-X del AGN, cuando éstos realizan su recorrido por el espacio intergaláctico hacia la Tierra. Esto es lo que observaron los astrónomos: la absorción de los rayos X por parte de los átomos de oxígeno del WHIM, que fue claramente detectada.

Según los científicos, las características de esta absorción serían coherentes con la temperatura y la densidad previstas del WHIM, lo que significa que esta nube de gas contendría la materia perdida del universo.

Tres componentes del Universo

Anteriormente, había habido detecciones de posibles WHIM en el universo cercano como resultado de observaciones ultravioletas u observaciones tomadas a lo largo de la líneas de visión de cuásares. Sin embargo, estas observaciones daban cuenta de sólo una relativamente pequeña fracción de este medio galáctico.

Según los científicos, encontrar evidencias de dicho medio, en el que estaría la materia perdida, es mucho más difícil que encontrar evidencias de la materia oscura, una materia de composición desconocida que no emite o refleja suficiente radiación electromagnética para ser observada directamente pero que constituye la gran mayoría de la masa del Universo observable. La materia oscura es invisible, pero puede detectarse por sus efectos gravitacionales sobre estrellas y galaxias.

En general, se cree que el universo está formado por tres componentes: la materia normal (5%) –materia perdida o no-, la materia oscura (22%) y la energía oscura (73%), una forma hipotética de energía que se piensa se encuentra presente en todo el espacio, produciendo una presión negativa y e incrementando la aceleración de la expansión del Universo.

(Tendencias21)

Diez de las mayores preguntas a las que se enfrenta la Física Moderna hoy

Diez de las mayores preguntas a las que se enfrenta la Física Moderna hoy



Navegando por la red encontré un interesante documento en el que se listan diez preguntas calificándolo de Top Ten y haciendo una somera descripción de cada una de ellas. Yo prefiero no llamarlo “Top” aunque sin duda son preguntas de gran relevancia, y he querido recopilarlas aquí explicando cada una de ellas. He decidido reordenar algunas para ayudar a la lectura. Vamos a ello.

1) ¿Es posible calcular el valor de los parámetros adimensionales que caracterizan el universo o únicamente pueden ser calculados mediante el experimento o, directamente, no son calculables?

¿Cómo de rápida debe ser la velocidad de la luz? ¿Cuánto debe valer la carga del electrón? ¿Qué valor ha de tener la constante de Planck que determina el tamaño de los cuantos de energía? Estas y otras preguntas surgen en cualquier parte de la física ante el hecho de que estamos rodeados de parámetros en nuestros modelos que simplemente van surgiendo y son cantidades físicas que tienen un valor, y algunas de esas cantidades son fundamentales.

Sobre este problema escribí un post. Saber qué valor tienen y por qué tienen ese valor y no otro es importante para entender como funciona el universo.

¿Debemos resignarnos a que la Física sea un compendio de modelos con un grupo de parámetros ajustables experimentalmente? Esto no gusta demasiado, especialmente a los físicos teóricos. A fin de cuentas se trata de un problema fundamental a la hora de hacer predicciones y contrastarlas con el experimento. Si aparecen constantes que no tenemos su valor bien determinado no podemos alcanzar la precisión que nosotros queramos, aparte de la que permita el propio experimento, claro está.

Es especialmente crítico en el Modelo Estándar, el actual paradigma que define la física de partículas y las interacciones fundamentales, porque se juntan más de 20 parámetros ajustables entre masas, cargas eléctricas y demás.

Una cosa es fijar su valor y otra más difícil todavía es preguntarse por qué ese valor y no otro sin recurrir al principio antrópico de “es así porque si fuera diferente no estaríamos aquí para hacernos esta pregunta”. Y por el momento, no hay respuesta en este sentido.

2) ¿Cómo puede explicar la gravedad cuántica el origen del universo?

Es un hecho que la gravedad, cuando se intenta unificar en el Modelo Estándar, se resiste de todas las formas habidas y por haber que conozcamos hasta ahora. Necesitamos la descripción de la cuarta fuerza (o primera, según orden cronológico de su descubrimiento) a nivel cuántico. No solo en aras de una “teoría del todo”. También para poder describir el universo a todas las escalas.

Los dos contendientes principales actualmente son la teoría de supercuerdas (SST) y la gravedad cuántica de bucles (LQG). No pueden convivir juntas y los físicos que defienden una son detractores de la contraria. Es cierto que en cuanto a número de gente trabajando, la SST gana por goleada y también es cierto que la LQG es, de momento, una teoría cinemática. Es decir, no explica como se propaga la gravedad o como interacciona con tal campo. Y además, todavía no cuenta con límite clásico.

El límite clásico es un requisito pedido a toda teoría que pretenda describir la física a una escala (tamaño y energía) distinta de la clásica, para que cuando los valores de escala se vayan pareciendo a los clásicos, la nueva teoría recupere los resultados conocidos. Es de recibo, sabemos que algo funciona y por tanto si una teoría ha de ser más general, debe incluir los resultados previos.

En cuanto a la SST, su mayor y principal problema es la imposibilidad técnica de comprobar sus predicciones. Quizás su última esperanza sea el descubrimiento de la supersimetría en el LHC, y esto enlaza con la siguiente pregunta.

3) ¿Es la naturaleza supersimétrica?

En Física la búsqueda de simetrías es muy importante porque por cada simetría, según el teorema de Noether (algún día he de hablar de Emmy Noether, una mujer física muy importante de principios del siglo XX), hay una ley de conservación asociada. Y las leyes de conservación gustan mucho a los físicos porque ayudan enormemente a la hora de resolver problemas de condiciones iniciales.

La llamada supersimetría (o SuSY en inglés) es a nivel cuántico y nos dice que cada partícula fundamental tiene una “compañera supersimétrica” cuyo espín se diferencia en frac{1}{2} con su compañera. Esto es, la compañera de un fermión (espín 1/2, 3/2, 5/2…) será un bosón (espín 0, 1, 2…) y viceversa. Tienen ambas la misma masa y los números cuánticos internos.

La “chicha” de esto es que la supersimetría es una predicción de la SST. Y bueno, no quiere decir que si se descubre la SuSY entonces la SST sea correcta. Más bien que de hacerse, la SST tendría un clavo ardiendo al que agarrarse por un tiempo y pasaría de ser una bonita herramienta matemática que resuelve problemas estupendamente en otras disciplinas a ser una teoría física.

4) ¿Cual es la vida de un protón y cómo podemos entenderlo?

Sobre protones ya hablé en alguna ocasión. Por ejemplo para preguntarnos por qué un protón es más ligero que un neutrón y también cómo se supo que los protones estaban compuestos de piececitas más pequeñas llamadas quarks.

Los protones son partículas estables. Esto quiere decir que si se dejan solos en el espacio libre no se desintegran en componentes más fundamentales. El protón es, de todas las partículas compuestas por 3 quarks (bariones), el más ligero. Esto hace que no pueda descomponerse en bariones más sencillos y, por tanto, le confiere una vida virtualmente ilimitada.

Ahora bien ¿son realmente estables o simplemente su tiempo de vida media es tan enorme que casi podemos considerarlo infinito?

Si uno se va a las tablas del Particle Data Group que es quien recopila  las mediciones de valores experimentales de las partículas encontrará en este pdf el listado de datos de interés sobre el protón y en la página 6 los valores medidos de vida media para el protón. Sorpresa. 2.1 times 10^{29} años nada menos. En el pie explican someramente los métodos usados por los distintos experimentos. Y aunque difieren incluso en muchos órdenes de magnitud, sin duda es muchísimo tiempo. Es destacable también que a la derecha del todo indican que no se ha visto la desintegración del protón en otras partículas, como es lógico.

¿Por qué 10^{29} y no 10^{89}? Dijimos inicialmente que infinito así que podría encontrarse cualquier valor arbitrariamente grande o diferir tanto de un experimento a otro que se achacase al método en sí más que a que la partícula tenga, de hecho, una vida media finita.

Algunas teorías de unificación predicen que el protón realmente no es estable sino que en escalas de tiempo enormes efectivamente se desintegra. ¿Hacia qué? No se sabe. Ese es otro misterio adicional.

Si os interesa, en PhysicsForums hay un hilo al respecto de esta discusión.

5) ¿Por qué el universo parece tener 3 dimensiones espaciales y 1 temporal?

El “porque así lo vemos” no parece una respuesta muy apropiada para esta pregunta. Y el hecho de que no podamos movernos en otras direcciones tampoco significa que el universo sea así.

De acuerdo a teorías como la SST el universo tiene en realidad muchas más dimensiones, solo que las dimensiones extra no son perceptibles a escala macroscópica.

Este hecho, dicho sea de paso, puede ayudar a entender en parte la siguiente pregunta.

6)¿Por qué existe una diferencia tan abismal entre el orden de magnitud de la interacción gravitatoria y el de las demás fuerzas?

Sobre este tema hace tiempo escribí un post que responde esta pregunta de forma más profunda que lo que explicaré aquí.

Básicamente se trata de saber por qué, a escala macroscópica, la gravedad es quien manda y sin embargo a escala microscópica la gravedad es tan irrisoria que aunque la consideres no afecta en absoluto a los valores experimentales porque es del orden de 10^{-39} veces más débil que la electromagnética, por ejemplo. Vale que la masa de las partículas es ridículamente pequeña. Aún así esto no explica del todo por qué es tan insignificante.

De paso, la gravedad tiene el ligero inconveniente de que a nivel teórico no es posible cuantizarla usando procedimientos similares a lo que se ha hecho con las otras fuerzas. Así que, por el momento, la gravedad permanece siendo uno de los mayores quebraderos de cabeza desde que a Newton una manzana se la quebrase debido a la gravedad (sí, sé que es una leyenda, pero me venía que ni pintado).

7)¿Por qué la constante cosmológica tiene el valor que tiene? ¿Es realmente constante en el tiempo?

Sobre la constante cosmológica hizo jjo en los inicios de este blog cuatro excelentes aportes aunque tal vez bastante técnicos al respecto.

Por abreviar. La constante cosmológica es un término añadido “a mano” sobre la ecuación de Einstein en Relatividad General para lograr una solución que permitiera un universo estático, pues Einstein estaba convencido de que de todas todas, debería cumplirse el principio de Mach.

Un universo estático implica que a partir de cierto momento la expansión se detiene y el universo pasa a ser un lugar aburrido donde las posiciones de las galaxias no cambian entre sí de forma neta. Con el tiempo se observó que el universo de hecho no era estático y se expandía. Einstein dijo que la constante cosmológica había sido el mayor error de su vida.

Sin embargo, años después, tras el descubrimiento de que la expansión del universo no es a velocidad constante como cabría esperar sino que es acelerada como si hubiera una fuerza misteriosa que empuja a las galaxias se volvió a recuperar la constante cosmológica como término que da cuenta de una especie de “presión negativa” responsable de la expansión acelerada. En este sentido, la constante cosmológica va de la mano con la energía oscura.

El problema añadido con la constante cosmológica es que las predicciones de algunas teorías fundamentales predicen valores enormes para la constante cosmológica que no cuadran en absoluto con los observables. Son de entre 10^{10} y 10^{22} veces mayores que los que podemos observar.

Si el universo fuera perfectamente supersimétrico, la constante cosmológica valdría 0. No obstante, si esta simetría existe de todos modos, aunque parece estar rota por algún motivo, la constante seguiría siendo constante con el tiempo. En caso contrario las cosas serían todavía más complicadas.

8 ) ¿Cuales son los grados de libertad fundamentales de la teoría M? ¿Es realmente buena para describir el universo?

La llamada teoría M es un intento de teoría del todo que unifica todas las SST. Sobre esto ya se discutió en la pregunta 3). Las teorías de supercuerdas han dado herramientas matemáticas como la correspondencia adS/CFT que permite resolver problemas muy complejos en física de la materia condensada, campo que no tienen nada que ver con la SST.

Durante unos años uno de los mayores puntos contra las SST es que había de hecho 5 versiones. ¿Cual de ellas describe el universo entonces? En esencia, la teoría M añade una dimensión más hasta un total de 11 y aglutina las cinco. Además añade un objeto todavía más extraño que las cuerdas, las llamadas “branas”. Una especie de generalización de cuerda, como si fuera la membrana vibrante de un tambor, pero llamadas “branas” para indicar que son multidimensionales.

En el contexto de esta teoría, la gravedad sería de hecho una “supergravedad” que actuaría en dimensiones superiores y ésta interactuaría con branas en dimensiones superiores, lo cual podría ayudar a explicar por ejemplo por qué la gravedad es tan débil si su “fuerza” se pierde en dimensiones superiores.

La pregunta es. ¿Qué es lo fundamental? ¿Las cuerdas salen de branas o es al revés? ¿Hay algo más simple que estas dos cosas y que es realmente lo fundamental?

Como vemos, no hacen más que surgir preguntas al respecto. Y de igual modo que concluía la respuesta a 3) lo cierto es que mientras no haya posibilidad de verificar experimentalmente algún punto, de momento las SST y la Teoría M quedan como bonitos candidatos a describir el universo.

9) ¿Cómo se resuelve la paradoja de la información en los agujeros negros?

Sobre la paradoja de la información y su solución ya hablé en algún post que otro. Se trata de una paradoja planteada por Stephen Hawking al respecto de la conservación de la información física que cae en un agujero negro.

Si un agujero negro es estable no pasa nada, podemos admitir que la información acerca de todo lo que se traga se queda dentro del horizonte de sucesos, de manera que nada de lo que está fuera puede interactuar pero de algún modo nos quedamos tranquilos sabiendo que está ahí.

Sin embargo, si el agujero negro se evapora por algún mecanismo como por ejemplo el de la radiación de Hawking (explicado en el primer link) entonces hay un problema. Porque desde fuera, un agujero negro únicamente son tres números. Así, sería posible que el agujero negro llegase a evaporarse completamente y nunca recuperaríamos de vuelta la información. Se habría perdido para siempre, resultando en una paradoja.

El principio holográfico (también en el primer link) pone algo de luz al respecto afirmando que toda la información está codificada en la superficie del agujero negro, de manera que realmente no se pierde.

10) ¿Como podemos entender cuantitativamente el confinamiento quark-gluón en la cromodinámica cuántica y la existencia del gap de masa?

Sobre la cromodinámica cuántica hice un pequeño esbozo en este post. Por refrescar, la hipótesis de confinamiento es uno de los pilares fundamentales de la interacción fuerte.

Supone que, en la naturaleza no puede haber ninguna partícula con carga de color distinta de cero. Esto confina a los quarks y a los gluones en empaquetados que llamamos mesones si están compuestos de un quark y un antiquark y llamamos bariones si se compone de tres quarks.

Los gluones son las partículas encargadas de mediar la interacción fuerte. Y debido al confinamiento no puedes alejar entre sí mucho estas partículas porque la fuerza tiende a hacerse infinita.

Sin embargo, todavía no se ha demostrado de forma concluyente y definitiva el confinamiento (por eso se llama hipótesis). Cuando se intenta, los cálculos se vuelven imposibles. Y además no se puede explicar por qué todas las partículas para sentir la interacción fuerte deben además tener cierta masa, muy pequeña, pero nunca cero.

Las esperanzas están puestas también sobre la teoría M y otras propuestas, pero todavía no hay nada claro.

Y bien, hasta aquí la recopilación de las diez preguntas. Sin duda quedan muchas más en el tintero, es solo un pequeño esbozo de todo el trabajo que tiene la física moderna por delante.

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(c) NASA / JPL

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Los problemas de comunicación con la sonda comenzaron el día 22 de abril, cuando los computadores de los encargados de controlar la misión recibieron una serie de datos provenientes de la sonda que no calzaban con ninguno de los formatos de comunicación previamente establecidos.

Diferentes chequeos realizados al estado general de la nave demostraron que esta se encontraba en buen estado, por lo que los ingenieros piensan que el problema podría estar focalizado en una falla del dispositivo que se encarga de formatear la información antes de ser enviada a la Tierra.

La sonda Voyager 2 fue lanzada el espacio el 20 de agosto de 1977 desde Cabo Cañaveral. En la actualidad se encuentra a unos 13.800 millones de kilómetros de la Tierra, en lo que los científicos denominan como los confines del Sistema Solar. En su travesía por el espacio logró sobrevolar los cuatro planetas gigantes -Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno- viajando a una velocidad de 56.000 kilómetros por hora. En su interior lleva un disco de oro con sonidos de la Tierra y diversos saludos en 55 idiomas.

El extraño problema que sufre la sonda ha servido para que algunos medios especulen sobre la posibilidad de que la sonda haya sido “secuestrada” por seres alienígenas, levantando toda una polémica sobre la seriedad con que son tratadas este tipo de noticias.

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Gran Mancha RojaJúpiter y otros planetas gigantes gaseosos están cubiertos de polo a polo con bandas, pero los astrónomos no saben exactamente cómo surgen. Ahora, un equipo de físicos informa que las bandas de Júpiter pueden estar producidas, en parte, por mareas — un resultado del tirón gravitatorio de sus 60 lunas — gracias a una simple recreación en laboratorio del planeta gaseoso.

Jupiter tiene bandas con los conocidos como vientos zonales: amplias franjas que corren en paralelo al ecuador del planeta en las cuales los vientos predominantes soplan a distintas velocidades. Durante décadas, los científicos han quedado desconcertados por exactamente de dónde proceden estos vientos — y el patrón en bandas que producen. “Incluso tras 40 años, sigue siendo un tema activo”, dice Peter Rhines, oceanógrafo de la Universidad de Washington en Seattle. Los investigadores normalmente piensan que los vientos zonales surgen a partir de la convección, la tendencia de los gases más calientes a elevarse y de los fríos a caer, comenta, aunque no están de acuerdo en si la convección que produce las bandas alcanza el núcleo del planeta, o si tiene lugar sólo cerca de la superficie.

Pero tal vez la convección no tiene nada que ver, defiende Andreas Tilgner, geofísico de la Universidad de Göttingen, en Alemania, y sus colegas del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia en la Universidad de Aix-Marseille. Su idea es la siguiente: Júpiter, u otros planetas gaseosos, básicamente son una esfera de fluidos que giran sobre un eje. Y el repetido tirón de marea de, digamos, una luna en órbita, puede causar que el fluido se organice de una forma concreta. Específicamente, forma zonas cilíndricas, o “columnas”, una dentro de otra, fluyendo alrededor del eje del cilindro a distintas velocidades. Donde las zonas cilíndricas intersectan la superficie de la esfera, producen bandas que van en horizontal al ecuador de la esfera, muy similares a las que se ven en los planetas gaseosos. Hace dos años, Tilgner estableció las matemáticas de la teoría. Ahora, él y sus colegas han demostrado experimentalmente que funciona.

Para crear un falso planeta gaseoso, los investigadores ahuecaron un vacío esférico en un cilindro de silicio y lo llenaron con agua, que imita el gas que forma los gigantes gaseosos. Condimentaron el agua con copos de plástico asimétricos, que se alineaban con el flujo y reflejaban luz láser más en una dirección que en otra, permitiendo a los investigadores fotografiar el flujo. Tilgner y sus colegas luego pusieron el cilindro en rotación y aplicaron mareas artificiales. Un efecto de, tal vez, una luna orbital, es que la marea deforma ligeramente a un planeta esférico, haciéndolo oval con un extremo apuntando hacia la luna y el otro en sentido contrario. Para reproducir tal efecto, el equipo extendió el cilindro entre un par de ruedas, las cuales podían rodear el cilindro a distintas velocidades de la que el cilindro gira sobre su eje.

Y el equipo encontró lo que esperaba. Para ciertas velocidades a las que el cilindro giraba y las ruedas lo rodeaban, el flujo se fracturaría en distintas columnas cilíndricas y daba al “planeta” una apariencia en bandas, como informan los investigadores en un partículo publicado en Physical Review Letters. En el caso de Júpiter, las mareas eran pequeñas, señala el autor principal Cyprien Morize, que está ahora en el CNRS en la Universidad de París-Sud 11, en Orsay, “por lo que las mareas no son toda la historia, sólo parte de ella”. Pero podrían desempeñar un papel más importante en lunas de Júpiter como Ío y Europa.

“Creo que es una idea genial y definitivamente merece la pena comprobarla en más detalle”, dice Adam Showman, científico planetario en la Universidad de Arizona en Tucson. No obstante, para determinar si se aplica a Júpiter, los investigadores tendrían que extrapolarlo a las condiciones hidrodinámicas de allí, señalan. Y Rhines está de acuerdo con Morize en que la idea es probablemente más aplicable a cuerpos como las lunas de Júpiter. No obstante, advierte, en un experimento simple como éste, casi cualquier tipo de agitación será suficiente para producir tales flujos cilíndricos. Por lo que los resultados difícilmente descartan otras explicaciones para las bandas.


Autor: Adrian Cho
Fecha Original: 10 de mayo de 2010
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Habrá que esperar para ver si LISA, proyecto conjunto de la NASA y la ESA, hace que la teoría de la relatividad se transforme en “ley de la relatividad”, si acaso no debiera llamarse ya así. — Javier G. Pereda [LISA vía The Telegraph]