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El rincon de ingenieria de infragon

La NASA afirma que una guerra nuclear invertiría el calentamiento global, pero que nada, no merece la pena

La NASA afirma que una guerra nuclear invertiría el calentamiento global, pero que nada, no merece la pena

Tanto la momia Gaddafi como “el señor que se compró un Apple para invadir Polonia” estarían satisfechos de despachar unas cuantas bombas entre la población.

Y si son nucleares, pues mejor. Por supuesto, nos parece una barbaridad, pero la NASA afirma que aunque habría consecuencias negativas, también ayudaría a contrarrestar el calentamiento global. Es decir, que si nos matamos en una guerra nuclear, al planeta en general le iría mejor. Puedes ver tras da el salto los detalles.  

Para este experimento, la NASA simuló una pequeña guerra nuclear regional, equivalente a 100 bombas como la de Hiroshima.

Lo interesante del asunto es que en caso de que ocurriera, se elevarían a la parte alta de la troposfera unos 5 millones de toneladas de carbón negro, produciendo un descenso de la temperatura que técnicamente invertiría el calentamiento global. En concreto, el modelo de la NASA sugiere que tras esta guerra nuclear regional, la temperatura caería globalmente en 1’25 grados centígrados durante 2 o 3 años.

¿No está tan mal, no? Bueno, eso si vemos la única “ventaja”. Porque habría otras consecuencias globales. Según la NASA:
“Nuestros resultados sugieren que el impacto en la agricultura podría ser severo, especialmente en áreas que son susceptibles hasta finales de primavera y durante las primeras heladas de otoño. Ejemplos parecidos a las cosechas perdidas y las hambrunas ocurridas tras la erupción del Monte Tambora en 1815 se experimentarían durante los siguientes años.”

El año siguiente a la erupción de ese volcán se conoció como “el año sin verano” (interesante de leer, baste decir que la falta de avena para caballos pudo inspirar al inventor del velocípedo, antecesor de numerosas formas de locomoción actuales, de forma que sin la erupción de un volcán en 1815 quizá tu moto no sería como la ves actualmente).
¡Y no nos queremos quedar sin verano! De modo que más vale guardar los gadgets nucleares que hacen ¡pum!, porque afectarían a todo el planeta durante años, perderíamos cosechas, se producirían hambrunas generalizadas y vale, se reduciría el calentamiento global, pero no habría tantas bañistas inglesas en Benidorm.

Y por ahí, ¡no pasamos! — Javier G. Pereda [National Geographic]

Leyes de la ciencia formuladas en la ficción que resultan ser muy reales

Las tres leyes de Clarke (1917-2008) sobre el avance científico:
  1. Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, posiblemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, posiblemente está equivocado.
  2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.
  3. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Las tres leyes de Asimov  (1920-1992) sobre la robótica:
  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

El Corlario es la ley cero:

Un robot no puede hacer daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Los cosmonautas de Stalin

Los cosmonautas de Stalin

misil A-4 (V-2) alemán | fuente NASA

El 12 de abril de 1961 un ser humano alcanzó el espacio por primera vez y el mundo ya no volvería a ser el mismo.

La hazaña de Yuri Gagarin es de sobra conocida, pero pocos saben que en 1950 la Unión Soviética estuvo a punto de lanzar cosmonautas en vuelos suborbitales por encima de los cien kilómetros de altura, la tradicional -y subjetiva- frontera del espacio.

De haberlo conseguido, la URSS de Stalin podría haber enviado un hombre al espacio casi una década antes del vuelo de la Vostok 1.

Tijonrávov, el GIRD y la V-2

Para encontrar el origen de esta historia debemos remontarnos al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas aliadas avanzaban por las ruinas de la Alemania nazi encontrando a su paso las instalaciones abandonadas de los cohetes A-4 de Wernher von Braun, más conocidos por el resto del mundo como V-2.

El A-4 era el misil balístico más grande y avanzado jamás construido. La nación que lograse hacerse con su tecnología tendría una clara ventaja en la Guerra Fría que ya se vislumbraba en el horizonte.

Los estadounidenses se cobraron las mejores piezas en esta carrera por conseguir el botín de guerra del A-4 -incluido el propio von Braun-, mientras que los soviéticos tuvieron que conformarse con unas pocas migajas.

Pero eso no detuvo a Stalin.

 

Centenares de ingenieros soviéticos viajaron a Alemania para estudiar los restos del programa de misiles nazi e interrogar a los ingenieros alemanes. Entre ellos se encontraban figuras como Valentín Glushkó o Serguéi Koroliov, que apenas doce años después se convertirían en los padres de la cosmonáutica soviética.

Mijaíl Tijonrávov (izquierda) con Serguéi Koroliov

Uno de los ingenieros atraídos por el esplendor de la técnica balística alemana era Mijaíl Klavdievich Tijonrávov. Injustamente tratado por la historia, Tijonrávov fue uno de los pioneros del esfuerzo espacial soviético. Junto con genios de la talla de Fridrij Tsander o el propio Serguéi Koroliov, en 1932 se convertiría en uno de los fundadores del Grupo para el Estudio de la Propulsión a Reacción (GIRD). Pese al alto nivel de sus socios y el apoyo del estado, el GIRD no dejaba de ser un puñado de entusiastas soñadores unidos por una pasión común: la exploración del espacio. Y sin embargo, en 1933 Tijonrávov logró diseñar el primer cohete soviético de combustible líquido, el pequeño GIRD-09.

Cápsula para vuelos suborbitales tripulados del proyecto VR-190 de Mijaíl Tijonrávov

A diferencia del resto de colegas del GIRD, Tijonrávov sólo tenía un objetivo en mente: poner un hombre en el espacio. No es que Koroliov o Tsander no compartiesen este entusiasmo, pero consideraban que todavía era demasiado pronto. Pensaban que aún existían numerosas incógnitas y serían necesarias muchas décadas de trabajo antes de que un ser humano pudiera aventurarse más allá de la atmósfera terrestre. Tijonrávov no estaba de acuerdo y creía que se debía lanzar un cohete tripulado lo antes posible, aunque se tratase de un simple vuelo suborbital.

Cohete GIRD-09

En 1935 publicaría el artículo “A la estratosfera en un cohete”, donde detallaba los planes para lanzar un ser humano por encima de los 30 kilómetros de altura usando cohetes desarrollados por el GIRD.

Pero sus compañeros sostenían que hablar abiertamente de vuelos espaciales tripulados sólo serviría para espantar a las autoridades e impedir que invirtieran seriamente en el desarrollo de cohetes, así que los vuelos suborbitales de Tijonrávov quedaron en segundo plano dentro de las prioridades del GIRD.

Lamentablemente, este brillante periodo inicial de la cosmonáutica soviética terminaría abruptamente por culpa de las purgas de Stalin, proceso que culminaría con el arresto de Koroliov en 1938, el nefasto “año del terror”.

La URSS tenía otras prioridades y la construcción de fantasiosos cohetes espaciales no era una de ellas.

El proyecto VR-190

VR-190 | (A.G. Shlyadinsky).

Cuando en los últimos años de la guerra se supo de la existencia del misil A-4 nazi, el gobierno soviético se dio cuenta inmediatamente de la importancia de los cohetes balísticos como arma estratégica. Fue entonces cuando las autoridades se acordaron de “los chiflados del GIRD” y sus locos cacharros.

Mayor y más prudente que la mayor parte de colegas del GIRD, Tijonrávov había logrado sobrevivir a las purgas de Stalin y a la Gran Guerra Patria trabajando en varios proyectos de misiles. A la vista de los recientes avances en cohetería, Tijonrávov creó un grupo de trabajo en el instituto de investigación NII-1 para desarrollar un cohete-sonda de combustible sólido con el fin de estudiar la estratosfera.

El proyecto sería conocido como VR-210, (de Vysotnaia Raketa/ Высотная Ракета, “cohete de gran altura”) y contaría con la colaboración de Nikolái Chernyshov. Sin embargo, sería cancelado poco después al no recibir la financiación adecuada.

Pero justo entonces Tijonrávov se enteró de los avances alemanes con el A-4 y su mundo se tambaleó. “Por fin”, debió pensar el veterano ingeniero, “un vehículo lo suficientemente potente para alcanzar la frontera del espacio”.

A principios de 1945, con la guerra dando sus últimos y sangrientos coletazos, Tijonrávov propuso el proyecto VR-190 con un objetivo espectacular: enviar un hombre a 200 kilómetros de altura usando un misil A-4 alemán. El proyecto sería apodado Pobeda (“victoria”), un buen nombre para celebrar el triunfo de la URSS sobre el Tercer Reich.

La oficina de diseño OKB-115 de Alexánder Yákovlev sería la encargada de construir la cabina presurizada con capacidad para dos estratonautas, bajo la dirección de A. V. Afanasyev. La cabina debía incluir un sistema de separación del cohete y un nuevo motor de 30 toneladas de empuje, así como paracaídas, equipos de comunicaciones y hasta un escudo térmico rudimentario para aguantar los rigores de la reentrada atmosférica suborbital. Como medida de seguridad, se sugirió emplear trajes de presión para la tripulación.

distintos cohetes sonda soviéticos basados en los misiles R-1, R-2 y R-5.

El proyecto VR-190 ya estaba listo a mediados de 1945, pero todavía había que construir la infraestructura adecuada para poder utilizar los A-4. El gobierno soviético había decidido no emplear las instalaciones alemanas, por lo que poco después se aprobó el traslado de la producción y el montaje del misil a la URSS. Los planes de Tijonrávov tendrían que esperar.

El 23 de marzo de 1946, el proyecto VR-190 fue oficialmente presentado ante el ministro de la industria aeronáutica, Mijaíl Khrúnichev, el cual no se mostró especialmente impresionado por la propuesta. Khrúnichev era un fiel representante de la vieja escuela de la aviación y no tenía el menor interés en los cohetes.

El 12 de abril de ese mismo año, una comisión estatal dirigida por el académico Serguéi Jristianovich estudió la viabilidad del proyecto, pero decidió mantenerlo en suspenso hasta que el gobierno tomase una decisión sobre los planes para el desarrollo de misiles balísticos.

Y eso fue lo que ocurrió el 13 de mayo de 1946, cuando el Consejo de Ministros de la URSS publicó el decreto “Cuestiones sobre el armamento balístico” por el que se definían las prioridades del país en esta materia. Como resultado, Serguéi Koroliov y su instituto NII-88 serían los encargados de dirigir el diseño de los nuevos misiles balísticos soviéticos, mientras que Valentín Glushkó construiría los motores. Esta curiosa división de tareas terminaría por ser causa de discordia entre ambos personajes.

Stalin se empeñó en construir primero una copia idéntica del A-4, denominada R-1. Koroliov consideraba que el diseño alemán estaba anticuado y que podía ser mejorado fácilmente, proponiendo en su lugar el cohete R-2. El gobierno decidió aprobar el desarrollo de los dos misiles al mismo tiempo, lo que introdujo un importante retraso en el programa. Como polígono de lanzamiento se eligió Kapustin Yar, una zona situada no muy lejos de Volgogrado. Podemos imaginar la impaciencia que debió sentir Tijonrávov en esos momentos. El A-4 ya estaba listo, sólo había que construir la cabina presurizada y lanzar el cohete con la tripulación. Pero la burocracia soviética parecía jugar en su contra. Para complicar la situación, ciertas voces señalaron que no sería muy correcto lanzar un ciudadano soviético a bordo un misil nazi capturado. Mejor sería esperar a que el R-1 o el R-2 estuviesen disponibles.

esquema del lanzamiento de un R-1 con cápsula

El VR-190 se hallaba en un impasse, así que en junio de 1946, Tijonrávov decidió escribir una carta apelando a las más altas instancias: el mismísimo Stalin. Todo parece indicar que el viejo dictador quedó encantado con la propuesta. No obstante, las dificultades a la hora de poner en marcha la producción del R-1 y el polígono de Kapustin Yar resultaron ser mayores de lo previsto. A finales de año, el NII-1 de Tijonrávov fue transferido al instituto NII-4, el cual sería a su vez absorbido por la recién creada Academia de Ciencias de Artillería. El grupo de Tijonrávov se vio desbordado de trabajo y sólo pudo trabajar en el VR-190 durante su tiempo libre. A principios de 1947 estaba claro que el programa había perdido la oportunidad de atraer el interés de la cúpula política del país. El propio Koroliov se mostraría contrario al VR-190 por considerarlo un rival para su proyecto de investigaciones estratosféricas mediante los R-1 y R-2. Koroliov opinaba además que los vuelos suborbitales eran un simple derroche de recursos que podían emplearse en otros proyectos más útiles. El objetivo final debía ser la órbita terrestre y para eso hacía falta un cohete mucho más potente que el A-4 alemán. Para entonces ya era evidente que la URSS había perdido la oportunidad de mandar un hombre al espacio antes de 1950.

Pero Tijonrávov no se rindió. Aunque las autoridades le arrebataron el control sobre el VR-190, durante su etapa como jefe del NII-4 continuó creando proyectos similares que deberían hacer uso de la nueva generación de cohetes científicos basados en el R-2 de Koroliov. A principios de los 50, propuso con vehemencia el empleo de misiles de varias etapas para colocar satélites en órbita. Sus jefes militares no le prestaron demasiada atención, a diferencia de Koroliov, quien veía cada vez más cerca la posibilidad alcanzar el espacio.

Los vuelos suborbitales

El 22 de julio de 1951, un cohete sonda V-1B (un misil R-1 modificado) despegó desde Kapustin Yar alcanzando los 101 km de altura. A bordo viajaban los perros Tsigan y Dezik, los primeros en superar la frontera del espacio. Poco después, la cápsula aterrizaba con los canes en perfecto estado de salud. Los temibles rayos cósmicos y el breve periodo de ingravidez no parecían ser un obstáculo insuperable de cara a los vuelos tripulados. La viabilidad del proyecto VR-190 había quedado demostrada.

los perros Тsigan y Dezik con Koroliov (en medio, con sombrero) (Novosti Kosmonavtiki).

Tsigan y Dezik no serían los últimos seres vivos en alcanzar el espacio. Les seguirían varios vuelos de pruebas en distintos misiles R-2 y R-5 modificados (V-2A, V-2B y V-5A). La posibilidad de mandar un hombre al espacio en una trayectoria suborbital volvió a ser seriamente sopesada por varias instituciones soviéticas. Vladímir Yazdovski, médico encargado de la selección de perros para vuelos espaciales, llegó a sopesar la posibilidad de crear un cuerpo de cosmonautas, idea que recibió el apoyo del Mariscal de la Fuerza Aérea Pável Zhigarev. Pero Koroliov volvió a oponerse al proyecto. Ahora tenía entre manos el desarrollo del cohete R-7, que debía convertirse en el primer misil intercontinental de la historia.

Tsigan y Dezik, los primeros perros que regresaron del espacio

Con este lanzador, el Ingeniero Jefe sabía que los vuelos orbitales estarían al alcance de la mano y no iba a perder el tiempo con simples “saltos” balísticos. Habría que esperar a 1959 para ver la creación del primer cuerpo de cosmonautas soviéticos. Curiosamente, los Estados Unidos no compartían el recelo de Koroliov hacia los vuelos tripulados suborbitales. De hecho, las dos primeras misiones espaciales del programa Mercury serían precisamente lanzamientos balísticos de este tipo con el fin de ahorrar tiempo y dinero.

Cápsulas de animales para vuelos suborbitales

Con respecto a nuestro amigo Tijonrávov, el fracaso del VR-190 quedó compensado con creces cuando en 1956 Koroliov lo invitó a trabajar en su oficina de diseño OKB-1. Aunque nunca pudo ver un hombre a bordo de un cohete suborbital, jugó un papel protagonista en el diseño de la Vostok, la primera nave espacial de la historia. Tijonrávov moriría en 1974 después de recibir en dos ocasiones la Orden de Lenin por su contribución a la cosmonáutica soviética. Y lo más importante es que logró ver su sueño hecho realidad: el hombre había logrado alcanzar el espacio.

Cápsula suborbital de un cohete R-5

En la actualidad, cuando varias empresas privadas compiten por ofertar vuelos comerciales suborbitales, resulta paradójico el rechazo casi visceral de la Unión Soviética hacia este tipo de lanzamientos balísticos. El único vuelo suborbital tripulado soviético sería el realizado de forma involuntaria por la Soyuz 18-1 cuando su lanzador sufrió un problema durante la separación de la segunda etapa y fue incapaz de alcanzar la órbita.

propuestas no construidas de naves y cohetes suborbitales soviéticos con tripulación.

propuestas no construidas de naves y cohetes suborbitales soviéticos con tripulación.

En 2011 celebraremos medio siglo del primer viaje tripulado al espacio.
Pero el proyecto VR-190 nos plantea un curioso interrogante: ¿y si Yuri Gagarin no hubiese sido el primero?

traje de presión que podría haberse usado en los vuelos suborbitales tripulados

Referencias:

Velikolepnaia Shestiorka, Anton Pervushin (Sekretnie Materiali XX veka Nº 8 (161) abril 2005).

Tsigan, Dezik i Proekt VR-190, B. Kantemirov (Novosti Kosmonavtiki, Nº 9 2001).

Sputnik and the Soviet Space Challenge, Asif A. Siddiqi (University Press of Florida, 2003).

Mijaíl Tijonrávov, biografía de RKK Energía.

Descubren que existieron otros seres inteligentes en la Tierra, junto con Neandertales

Descubren que existieron otros seres inteligentes en la Tierra, junto con Neandertales

NOTA: Fuente de este artículo: eliax.com por autor José Elías.

A la fecha, y dada la evidencia presente, se creía que las únicas dos especies de humanoides inteligentes que jamás hayan poblado la Tierra fueron los Neandertales y los que hoy día llamamos Humanos. Sin embargo, un reciente descubrimiento ha alojado luz de que existió un tercer tipo, bautizado como Denisovans (asumo que en español será "Denisovanes" - de lo contrario que alguien me corrija en los comentarios por favor para actualizar el nombre).

El descubrimiento ocurrió después que se encontraron los restos de un solo dedo de una mano en una remota cueva en Siberia, y al analizar el ADN del hueso en una operación rutinaria, surgió la tremenda sorpresa de que el ADN de esta criatura aunque se parecía mucho a nosotros, era lo suficientemente divergente de nosotros y del Hombre de Neandertal como para ser clasificados (tentativamente) bajo una nueva especie llamada Denisovans.

Según la datación genética, estos restos datan de hace 30,000 a 50,000 años de antigüedad. Pero ahí no terminan las sorpresas...

Los más recientes avances en el estudio de nuestros orígenes indican que los Denisovans y los Neandertales tuvieron un descendiente más común entre ellos que nosotros los humanos con ellos, pero lo interesante es que los datos soportan la teoría de que las tres especies de humanoides, aunque se separaron geográficamente, eventualmente se volvieron a reunir y reproducir en algunos lugares.

Prueba de ello es que algunas personas europeas de la actualidad contienen ADN Neandertal en sus organismos, así como personas de Papua Guinea contienen ADN de estos Denisovans.

En mi opinión, más allá de esto aclarar mejor nuestros orígenes, o de satisfacer nuestra inherente curiosidad de saber sobre estos temas, la importancia de esta noticia es que debe levantar una señal de alerta para aquellos que creen ciegamente que el ser humano es único e independiente del resto de la naturaleza, y que descendemos de una sola pareja que surgió (supuestamente junto con toda la Tierra y el resto del Universo) hace apenas unos 6,000 años.

Por más que muchos deseen cerrar sus ojos ante la evidencia presente, no cabe duda que simplemente somos un animal más sobre la faz de la Tierra, con la diferencia de que afortunadamente (para nosotros) los procesos evolutivos nos dotaron de facultades intelectuales que nos han permitido no solo acomodar la naturaleza a nuestras necesidades y deseos, sino que además indagar sobre quienes somos y de donde verdaderamente surgimos...

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Cómo el campo eléctrico del cerebro afecta al propio cerebro.

Cómo el campo eléctrico del cerebro afecta al propio cerebro.

Tu cerebro es eléctrico. Existen multitud de pequeñísimos impulsos transmitiéndose entre los miles de millones de neuronas interconectadas que generan un campo eléctrico que rodea el cerebro como una nube invisible. Un estudio realizado por Flavio Fröhlich y David McCormick, ambos de la Universidad de Yale, sugiere que el campo eléctrico del cerebro no es un subproducto pasivo de su actividad neuronal, como se solía pensar. Este campo eléctrico podría ayudar a regular activamente cómo funciona el cerebro, especialmente durante el sueño profundo. Aunque siempre se sabe desde hace mucho tiempo que las fuentes externas de electricidad pueden alterar el funcionamiento del cerebro (de ahí la terapia de electroshocks, por ejemplo), esta es la primera prueba directa de que el propio campo eléctrico del cerebro cambia la forma en la que éste se comporta. Los resultados se publican en Neuron.


Los investigadores rodearon un corte de tejido del córtex cerebral de hurón aún vivo con un campo eléctrico que imitaba el campo que un cerebro de hurón intacto produce durante el sueño de ondas lentas (fase 4 del sueño no REM, también llamado sueño delta). El campo aplicado amplificó y sincronizó la actividad neuronal existente en el corte cerebral. Estos resultados indican que el campo eléctrico generado por el cerebro facilita la misma activación neuronal que lo provocó en primer lugar, de la misma forma que el entusiasmo de una masa de personas en un estadio deportivo provoca que cada una siga animando. En otras palabras, el campo eléctrico cerebral no es un subproducto, es un bucle de retroalimentación.

Se sabía que los periodos de actividad neuronal altamente sincronizados (como el del sueño profundo) son cruciales para el mantenimiento de un funcionamiento normal del cerebro. Ahora bien, no está claro ni cómo se coordinan estas fases estables, ni por qué se descontrolan en enfermedades como la epilepsia. Este nuevo estudio indica que el campo eléctrico cerebral puede tener mucho que decir a este respecto.

Este descubrimiento puede tener también aplicaciones terapéuticas. Concretamente en la mejora de una técnica llamada estimulación por corriente directa transcraneal (tDCS, por sus siglas en inglés), que aplica campos eléctricos débiles al cuero cabelludo para tratar, por ejemplo, la depresión o el dolor crónico.


Habitualmente la tDCS usa campos eléctricos estándares que no cambian demasiado, a diferencia de los campos eléctricos dinámicos que se han usado en este estudio para imitar un cerebro vivo. El siguiente paso lógico es usar estas combinaciones de ondas más complejas en un entorno clínico y ver si mejoran el tratamiento.


Más información sobre las ondas cerebrales como forma de comunicación intracerebral, aquí.

 

Referencia:

Fröhlich, F., & McCormick, D. (2010). Endogenous Electric Fields May Guide Neocortical Network Activity Neuron, 67 (1), 129-143 DOI: 10.1016/j.neuron.2010.06.005

Feliz Navidad y Propero año nuevo 2011

Los avatares del año me han dejado menos tiempo del acostumbrado para escribir en mis blogs, sin embargo, no puedo dejar pasar tan importante fecha para la cristiandad como la de la celebración del nacimiento del Hijo de Dios, proceso que se traduce en la renovación de la esperanza de la vida eterna.

Podemos ver con preocupación como el mal no es sino una expresión de la gente buena que se hace a un lado y no actúa acorde con un ideal de justicia y libertad, el comunismo como máxima expresión de la maldad que puede representar el total vacio que puede habitar un alma humana, nos sirve con su desmanes y ataques para recordar que la noche es mas obscura justo antes del amanecer o que tanta maldad no puede sino representar un intenso combate contra la firme intención de Dios de proteger a sus hijos.

Muchos se suelen preguntar como Dos puede permitir esto, pero el en su inmensa majestad nos ha dado libre albedrio para escoger hacer el bien o el mal, todo el bien par su mayor gloria y todo el mal para hacer que nuestras lamas sean capaces de grandes y nobles actos de humanidad para combatir ese mal.

El santo padre nos ha recordado la importancia de hacer una carta al niño Jesús de adultos no para pedir juguetes sino para enumerar esas cosas con las que nos comprometeremos y esforzaros para ejecutar, la justicia y la libertad no nos la van a dar por obra y gracia del espiritusanto, nacemos con ese derecho, es nuestro deber luchar y defender eso a lo que tenemos derecho por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Por otro lado tampoco podemos dejar de lado la icónica figura de San Nicolás, pero no es comercial al que nos han acostumbrados sino al verdadero espíritu de ayudar al prójimo que el Obispo Nicolás llevo a cabo a lo largo de su vida y le hicieron una figura inmortal al cual gran parte de la humanidad le prodiga cartas con peticiones para la navidad, hoy día se nos plantea una nueva crisis de identidad y valores, otras naciones con otro credos ven en la navidad un oportunidad comercial y desean extirpar la esencia misma de la navidad que no es otra que en nacimiento de Cristo, vemos herejías que van desde la celebración del espíritu de la navidad a la emisión de mensajes de felicitación estériles en el aspecto religioso, pero la navidad es una celebración eminentemente cristiana y no hay forma de cambiar eso.

A todos Feliz Navidad, que la pasen bien en unión de los suyos, ya sean familiares o amigos y que el niño Jesús les colme de bendiciones y San Nicolás les prodigue a lo largo del años venidero de regalos, pero no todo es recibir hay que dar y debemos escuchar el llamado de María madre de Dios que nos pide orar el santo rosario, todo para que así el Padre creador del cielo, la tierra, lo visible y los invisible nos colme con su sabiduría y bondad por el resto de la existencia.

Francisco González

Administrador de los Blogs

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Vladímir Mijáilovich Komarov, el primer hombre en morir en una misión espacial

Vladímir Mijáilovich Komarov, el primer hombre en morir en una misión espacial

Vladimir Komarov | Imagen

La seguridad en los viajes espaciales es un tema al que se le presta mucha atención y pocas veces ocurren accidentes graves. Sin embargo, siempre existe una pequeña probabilidad de que surja un error inesperado que arruine la misión.

Y, por desgracia, esos pequeños errores también pueden acabar con la vida del astronauta que las lleva a cabo, como le ocurrió a Vladímir Mijáilovich Komarov, el primer hombre que murió en una misión espacial.

Komarov nació en Moscú el 16 de mayo de 1927. El inicio de su carrera como cosmonauta empezó en la década de 1960, coincidiendo con un momento de gran desarrollo espacial: El lanzamiento de las misiones Vostok.

Las Vostok eran las primeras expediciones espaciales soviéticas y del mundo entero (de hecho, la misión Vostok 1 fue el viaje de Yuri Gagarin, el primer hombre en salir al espacio exterior). Komarov tuvo su primer contacto con las misiones Vostok al trabajar como suplente de Pavel Popovich en la Vostok 4. Sin embargo, sus servicios no fueron necesitados y Komarov quedó simplemente relegado misiones secundarias en la base de control.

No fue hasta el lanzamiento de la nave Voskhod 1 en el año 1964 cuando Komarov pudo por fin cumplir su sueño de abandonar la Tierra. En su primera misión espacial, ostentó el cargo de comandante piloto y fue acompañado de otros dos cosmonautas: El ingeniero Konstantin Feoktistov y el doctor médico Boris Yegorov. En realidad, esta fue la primera misión en la que más de un astronauta (o cosmonauta en este caso) viajó en la misma nave.

El objetivo de esta misión soviética era el de vencer a los estadounidenses, que estaban llevando a cabo del programa Gemini, logrando así el hito de poner en órbita a un equipo de tripulantes en vez de a sólo un hombre. La misión fue finalmente un éxito: Los cosmonautas aprovecharon para hacer investigaciones biomédicas y, sobre todo, al modo de organización que debía tener un grupo de varios tripulantes en una misión espacial.

La Voskhod 1 volvió a Tierra tras 24 horas en el espacio y la comunidad internacional la calificó como un logro muy importante en la carrera espacial. Parece que la carrera de Komarov como cosmonauta iba viento en popa y tenía un gran futuro por delante tras su éxito en esta misión.

Por desgracia, no fue así y Komarov ganó su puesto en la historia debido a otra razón mucho más triste.

La misión que acabaría con su vida: Soyuz 1

Todo comenzó cuando la Unión Soviética decidió poner en marcha la misión Soyuz 1.

Representación gráfica de la Soyuz 1 | Fuente

La Soyuz 1 tenía como objetivo probar y planificar el sistema de intercambio de astronautas entre dos naves.

¿Qué quiere decir esto? Es muy sencillo: La Soyuz 1 despegaría y, una vez que estuviera en el espacio, una segunda nave, la Soyuz 2, se acoplaría a ella para que sus pasajeros hicieran un intercambio de naves. Era una misión con objetivo experimental, para dominar los principios básicos de cómo debían ser estos intercambios.

La Soyuz 1 sólo iría tripulada por un cosmonauta. Tras muchas discusiones, se decidió que Komarov, quien ya tenía experiencia en otros viajes, sería el responsable de la la nave. Además, el suplente de Komarov en caso de que éste no pudiera volar era uno de los héroes más importantes de la astronáutica soviética: El ya mencionado Yuri Gagarin. Sin embargo, Komarov tenía muy malos presentimientos con esta misión y estaba asustado: Todos los vuelos de prueba no tripulados que se habían realizado habían fracasado estrepitosamente.

En total, cuatro naves no tripuladas que debían haber hecho la función de la Soyuz 1 habían fracasado en sus misiones (la nave Cosmos 133 se había quedado sin combustible a mitad de camino; la nave Cosmos 140A explotó antes de despegar; la nave Cosmos 140 experimentó problemas de altitud y abusó de sus reservas de combustible; y la nave Cosmos 154 se quemó y se desintegró al intentar regresar a la Tierra).

Como vemos, las cuatro naves de prueba que habían precedido a la Soyuz 1 dejaban un muy mal sabor de boca en los astronautas soviéticos, que todavía no se veían preparados para lanzar la nave tripulada y lo consideraban una locura. ¿Qué les impulsó entonces a arriesgarse a mandar una nave tripulada y poner en riesgo la vida de un experimentado cosmonauta? La razón parece ser, evidentemente, política.

Según parece, el dirigente soviético Leonid Brézhnev y el militar Dmitri Ustínov fueron los responsables del desastre. Como ya sabréis, la Unión Soviética estaba continuamente compitiendo con Estados Unidos para superarle tecnológicamente en la carrera espacial, por lo que necesitaban avances rápidos que les dieran ventaja frente a sus competidores.

De hecho, hay una anécdota que cuenta que cuando Komarov mostró su desacuerdo con la idea de que lo enviaran tan pronto al espacio, Ustínov le dijo enfadado que si no accedía a pilotar la nave sería capaz de “quitarle las estrellas del pecho y los galones de los hombros”.

El director del programa Soyuz, Vasili Mishin, debido a las presiones políticas, también les obligaba a sus hombres para que trabajaran más deprisa y cumplieran con los plazos acordados. Y, si alguno de los científicos mostraba su desacuerdo con enviar a Komarov al espacio, les gritaba: “¡No quiero cobardes en mis naves!“. Era una carrera a contrarreloj.

Teniendo en cuenta estas presiones, es fácil imaginarse la falta de comprobaciones de seguridad con la que partió la Soyuz 1. De hecho, una semana antes del despegue, Komarov dijo en un tono desesperanzador:

Si yo no vuelo, mandarán al piloto de reserva. Yuri morirá en mi lugar.

Sea como sea, lo cierto es que finalmente Komarov tuvo el suficiente valor como para embarcarse en la misión y aceptar el puesto como piloto. El día 23 de abril de 1967, despegaba la Soyuz 1.

En un primer momento todo fue bien. El despegue se realizó sin problemas aparentes y entró en órbita con facilidad.

Pero a partir de ese momento, todo fue de mal en peor: Al abrir los paneles solares que tendrían que apoyar energéticamente a la nave, uno de ellos se quedó bloqueado y no consiguió desplegarse. Este gran fallo, además de reducir considerablemente las reservas energéticas de la nave, conllevaba grandes problemas: Creaba un problema de simetría en la nave, desestabilizaba los radares, dificultaba el control térmico de la nave…

Komarov intentó hacer cualquier cosa por solucionar el problema. Incluso probó un sistema de emergencia que consistía en darle patadas al panel solar para que se desplegara. No obtuvo resultados. Desesperado, les gritó a sus compañeros:

Maldita máquina. ¡Nada de lo que hago funciona!

Mientras tanto, en tierra, los ingenieros veían un futuro muy negro para la misión. Intentaron buscar alguna solución para el problema, llegando incluso a plantearse la posibilidad de enviar antes de lo previsto a la Soyuz 2 para que sus tripulantes repararan la primera nave. Esta idea, a pesar de parecer bastante buena a primera vista, era muy difícil de realizar: El tiempo tormentoso era bastante molesto para el lanzamiento, las posibilidades de que llegara a tiempo eran escasas…

Finalmente, se decidió no lanzar la Soyuz 2 y se optó por otra idea más sensata: Hacer que la Soyuz 1 volviera a la Tierra lo antes posible. El plan de actuación se puso en marcha. La escena parecía sacada de una película de acción: Desde Tierra, Yuri Gagarin le transmitía las órdenes a Komarov para su regreso; el director de la expedición, Vasili Mishin, le deseaba suerte; el primer ministro soviético Alekséi Kosygin se presentaba en persona para darle ánimos a Komarov; y finalmente, en privado, su esposa contactaba con él mientras Komarov se despedía para siempre.

La batería proporcionaba a la nave de energía suficiente para lograr dos órbitas más alrededor de la Tierra, y la reserva especial que se activaba en caso de que la primera se agotara, permitía otras tres órbitas terrestres. Las maniobras de parada de la nave se iniciaron mientras orbitaba en el lado nocturno de la Tierra: Usando un perioscopio y tomando a la Luna como referencia para orientarse, Komarov hizo que la cápsula girara sobre sí misma para estabilizarse y comenzar el frenado.

Entonces, cuando la nave estaba frenándose, el combustible se acabó bruscamente y el sistema de navegación ordenó el apagado de los motores. La situación ahora era de vida o muerte: La nave estaba entrando en la Tierra en modo balístico. En ese momento, Komarov abrió los paracaídas de la nave.

Para su desgracia, el compartimento de los paracaídas, debido al enorme calor al que estaba siendo expuesto con la entrada a la Tierra, se había fundido. Esto provocó que los paracaídas principales (los cuales también tenían fallos de diseño) no se desplegaran correctamente y que el paracaídas de repuesto se enredara y no consiguiera desplegarse.

Básicamente, la explicación del fallo con los paracaídas es la siguiente: El paracaídas principal debía de haberse abierto cuando un paracaídas más pequeño (el paracaídas guía) tirara de él; sin embargo, el paracaídas guía (el cual sí consiguió abrirse) no aplicó la suficiente fuerza y el principal se quedó atascado.

Restos calcinados de la Soyuz 1 | Fuente

La nave se estrelló contra la superficie terrestre a una velocidad de 200 Km/h, quedando así destrozada y acabando con la vida del valiente Komarov. Las últimas palabras de Komarov fueron prácticamente inaudibles, pero se cree que maldijo a los diseñadores de su nave espacial y a los controladores que lo dirigían (aunque probablemente esto sólo sea un error debido a la mala comprensión de la grabación y al romanticismo del que los medios impregnaron después la historia).

Los restos que se encontraron del cosmonauta fueron enterrados en la muralla del Kremlin, donde reposaban los restos de algunos de los más importantes personajes de la unión Soviética, tales como Lenin o Stalin. En su honor han sido nombrados diversos objetos astronómicos: El asteroide Komarov (número 1836), el cráter lunar Komarov

Komarov también tiene en su honor una obra sinfónica de Brett Dean llamada “Komarov’s fall”, que se puede encontrar en el disco The Planets. Más recientemente, en abril de 2010, el grupo estonio Allan Vainola le dedicó una canción a Komarov, “Planeetidegi raskus kehtib vahel”, la cual podéis escuchar aquí.

Y para terminar, dejo un rumor más que divulgaron algunas fuentes: Según se dice, Yuri era un gran amigo de Komarov y siempre había existido un gran compañerismo entre ellos. Por eso, cuando se enteró de que las causas de su muerte habían sido políticas, le tiró un copa de champán en la cara al dirigente soviético Leonid Brézhnev. Por supuesto, como en todos los rumores, no se puede confirmar la veracidad de este dato, pero lo cierto es que Yuri siempre se sintió profundamente afectado por la muerte de su colega, el primer mártir espacial.

Monumento en honor a Komarov en Moscú | Fuente

Fuentes y más información
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An Analysis of the Soyuz-1 flight
Soyuz-1: A tragic ending
Vladímir Mijáilovich Komarov – Wikipedia (English)
Voskhod 1 – Wikipedia (English)
Soyuz 1 – Wikipedia

El cerebro humano no está completamente maduro hasta cumplir los 30 o 40 años

El cerebro humano no está completamente maduro hasta cumplir los 30 o 40 años

HERRAMIENTAS
Imagen referencial

La Profesora Sarah-Jayne Blakemore, neurocientífica del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, dijo que hasta hace unos diez años, muchos científicos habían “asumido que el cerebro humano se desarrollaba plenamente en la etapa temprana de la infancia”, pero una investigación reciente encontró que muchas regiones del cerebro continúan desarrollándose durante mucho tiempo después. 

La corteza prefrontal es la región en la parte frontal del cerebro, justo detrás de la frente, y es el área del cerebro que tarda más en desarrollarse completamente. Es un área importante del cerebro donde están las más altas funciones cognitivas como la planificación y la toma de decisiones, y también es un área clave para el comportamiento social , la conciencia social, la empatía, la comprensión y la interacción con otras personas, y varios rasgos de la personalidad. La Profesora Blakemore dijo que la corteza prefrontal es la parte del cerebro que nos hace humanos “, ya que existe una estrecha relación entre esta área del cerebro y la personalidad de una persona.

La Profesora Blakemore dijo que los escaneos del cerebro demuestran que la corteza prefrontal continúa cambiando a medida que las personas llegan a los 30 años e incluso hasta los 40 años. Ella dice que esta región empieza a cambiar en la primera infancia y luego se reorganiza al final de la adolescencia, pero sigue cambiando después de eso.

La investigación podría explicar por qué los adultos a veces actúan como adolescentes, su mal humor o las rabietas que tienen si no se salen con la suya, y por qué algunas personas siguen sintiéndose socialmente incómodas hasta que salen de su adolescencia.

En una investigación anterior de la Profesora Blakemore, se estudiaron los cerebros de los adolescentes en detalle, como se informó en PhysOrg .

Vía physorg.com