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El rincon de ingenieria de infragon

El cañón más grande de la historia y otras curiosidades

El cañón más grande de la historia y otras curiosidades

13 de octubre de 2010, 12:36 PM


Por Miguel Artime
20 de septiembre 17:37

La guerra es una tragedia que sacude de forma recurrente a la humanidad por causas diversas. Y todavía hoy, sin que en apariencia hayamos aprendido de nuestros errores, continuamos matándonos a mansalva por razones ideológicas, étnicas, religiosas, económicas, territoriales, etc.

 Hitler y sus oficiales frente al cañon Dora


Probablemente, la expresión máxima de la barbarie se alcanzó durante la Segunda Guerra Mundial. La escala de los medios empleados entonces no ha vuelto a ser, afortunadamente, superada. Para que nos hagamos una idea, veamos tres datos relacionados con el conflicto.

El cañón Dora

 Proyectil


El cañón Dora es el arma más grande jamás disparada durante una guerra. Se trataba de un enorme cañón de artillería de 800 mm construido en Alemania por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Se empleó en el asedio a Sebastopol y medía 47 metros y pesaba 1.350 toneladas. Cada obús tenía 3,35 metros de largo, pesaba más de 6 toneladas y tenía un alcance de 25 kilómetros.
Del cañón puede decirse cualquier cosa salvo que era sencillo de transportar. Para ello se necesitaba una doble vía ferroviaria que se iba construyendo delante de él.
Poseía un equipo de más de 3000 hombres entre los que se encontraban unos 500 soldados de dotación y mantenimiento, dos batallones de artillería antiaérea ligera, un cuartel general, un grupo de inteligencia que incluía un avión de reconocimiento de blancos Fieseler Fi 256 Storch y un largo etc. .
En total el arma necesitaba más de mil hombres al mando de un ingeniero encargado de la construcción de la vía ferroviaria y el emplazamiento del cañón. Pero ahí no acababan los problemas.
Su montaje tardaba seis semanas en montarlo y se requería de media hora para cargar cada proyectil, por lo cual es fácil de entender por qué resultó sumamente poco práctico. Fue abandonado después de sólo 13 días de uso y tras haber disparado 48 proyectiles.
A día de hoy sigue siendo la pieza de artillería más grande jamás construida.

La batalla de Kursk

 La batalla de Kursk


La batalla de Kursk bautizada así en honor a la ciudad rusa, fue la contraofensiva nazi tras la derrota de las tropas de Hitler en Stalingrado. En realidad lo que sucedió en Kursh fueron varios choques relámpago de las tropas nazis, ya recompuestas, y el ejército soviético durante el mes de julio y de agosto de 1943.
¿Quién venció? Los soviéticos, que además lograron asentar un golpe terrible contra las reservas nazis de carros de combate.
Aquella batalla marcó el inicio del avance soviético que culminaría con la toma de Berlín.
¿Cuántos recursos y hombres participaron en aquella batalla?
Los nazis aportaron casi 800.000 hombres, 3.000 tanques, 2.000 aviones y cerca de 10.000 cañones y morteros. Se trata de uno de las mayores fuerzas de ataque jamás ensambladas en la historia de la humanidad.
¿Cómo pudieron pararla los soviéticos? Aportando 2.000.000 de hombres, más de 5.000 tanques, más de 25.000 cañones y cerca de 3.000 aviones.
Solamente la línea defensiva de los rusos medía más de 240 kilómetros de largo y 150 de ancho. Se cavaron casi 5.000 kilómetros de trincheras y se colocaron un millón de minas. Las bajas humanas fueron cuantiosas por ambos bandos (más de un millón de muertos en total), especialmente entre los soviéticos, y se la consiera la batalla directa de mayores proporciones en toda la Historia.

El regimiento de infantería 442

 Infantería 442

El 442 regimiento de infantería fue un regimiento estadounidense, famoso por el valor legendario de sus miembros y por su origen, ya que eran descendientes de japoneses.
Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos ciudadanos estadounidenses con ascendencia nipona se vieron en la disyuntiva de tener que demostrar fidelidad a su país de acogida, en plena guerra contra su país de origen.
Por ello, muchos de ellos (3.800 para ser más exactos) se alistaron en el ejército y pasaron a combatir en el regimiento 442 de infantería. A juzgar por los resultados no lo hicieron nada mal.
Hay que explicar que un regimiento normal se compone de entre 2.000 y 3.000 hombres, así que los nipones eran el regimiento más numeroso jamás montado.
Ganaron 18.143 condecoraciones mientras sirvieron en África, Italia, Francia y Alemania. Sus integrantes obtuvieron 21 medallas al honor, 52 cruces al servicio distinguido, 560 estrellas de plata, 4.000 estrellas de bronce y 9.486 corazones púrpura.
Si tenemos en cuenta que el corazón púrpura se obtiene cuando a uno le hieren de gravedad en el campo de batalla, y dividimos las 9.486 condecoraciones recibidas entre los 3.800 integrantes del regimiento, inferimos que cada soldado fue herido de media unas 2,5 veces.
Entre los logros obtenidos por este cuerpo de combate está el haber rescatado al "batallón perdido", un regimiento de 200 hombres aislado y rodeado por tropas nazis en los Vosgos, en Francia.
Tras 5 días de fieros combates y después de sufrir 800 bajas, los nipones lograron liberarlos.
Las crónicas cuentan que cuando los nazis se rindieron a las tropas de asedio, quedaron desconcertados al ver que se trataba de japoneses con uniforme estadounidense.
A pesar del valor mostrado en el campo de batalla, cuando los soldados de origen japonés regresaron a los Estados Unidos tuvieron que enfrentar los prejuicios raciales.

¡La vida no es siempre justa!

Visto en Cracked.com

Gencincia.com - ¿Te da miedo conducir por la derecha? La transformación viaria de Suecia

¿Te da miedo conducir por la derecha? La transformación viaria de Suecia

Una de las preguntas que enseguida me asaltó cuando decidí alquilar un coche en mi reciente viaje a Escocia fue: ¿por qué diablos esta gente sigue conduciendo por la izquierda? ¿No deberían adaptarse al estándar europeo e incluso mundial? ¿No les suponía un problema cada vez que abandonaban las pequeñas fronteras provincianas de sus costumbres?

Entonces pensé que los escoceses y los ingleses en general eran reacios a cambiar su modo de conducir sencillamente porque ello resultaría traumático para toda la nación. Los accidentes se multiplicarían, el caos reinaría por doquier, y quien sabe cuántos años serían necesarios para acostumbrar a tanta gente a conducir justo al revés de cómo lo hacía.

A las pocas horas de salir con mi flamante coche alquilado por las carreteras de Escocia, empecé a vislumbrar que el verdadero motivo por el que aquel país era reacio a cambiar sus costumbres era, simple y llanamente, la pereza. Como os demostraré con el siguiente ejemplo, cambiar de conducir por la izquierda a hacerlo por la derecha no sólo no sería traumático… sino que reduciría la siniestralidad de todo el país (y lo mismo nos pasaría a nosotros si cambiáramos de derecha a izquierda).

El ejemplo viviente de este tipo de transformación lo tenemos en Suecia. El 3 de septiembre de 1967, todos sus habitantes tuvieron que enfrentarse al Gran Cambio. Se llamó el Día H (por höger, “derecha” en sueco).

Había hecho falta años de debates, y mucha preparación, para llegar a ese punto. Se habían presentado en el Parlamento mociones para abandonar la circulación por la izquierda varias veces en las décadas anteriores, solo para ser rechazadas. Se le trasladó la cuestión a los suecos en un referéndum de 1955, pero la medida perdió ante una mayoría aplastante. Inasequibles al desaliento, los partidarios de la circulación por la derecha por fin consiguieron que el gobierno aprobara una medida en 1963.

A pesar de que se estuvo preparando durante 4 años este día, mediante una campaña de anuncios de servicio público (incluso se compuso una canción pop titulada Hall dej Hill Höger, Svensson! (Conduzcamos todos por la derecha, Svensson (por el apellido típico sueco)), medios de comunicación como The New York Times alertaban con frases como: “Lo que pasará aquí en septiembre ha proyectado muchas sombras grotescas sobre toda Suecia”.

Pero ¿qué pasó realmente? El lunes siguientes del Gran Cambio, del Día H, el comisario de tráfico refirió un número de accidentes por debajo de la media.

Para empezar, muchos suecos, muertos de miedo por el espectáculo, sin duda prefirieron no conducir, o conducir menos. Además, se impuso un límite de velocidad especial, que ya llevaba en vigor unos meses antes del cambio: 40 kilómetros por hora en las poblaciones y 90 en las carreteras.

Lo más interesante es que, hasta después de 1 año de tiempo, la tasa de siniestralidad en carretera no regresó a sus valores del año anterior a la transición. Suecia se volvió más segura durante un año, mientras la gente se acostumbraba a la nueva forma de conducir, porque la gente tomaba más precauciones. Y una vez tuvieron confianza con la nueva forma de conducir, entonces tuvieron los mismos accidentes, ni más ni menos.

Los estudios de los conductores mostraron que eran menos propensos a adelantarse cuando se acercaba un coche por el otro carril, mientras que los peatones buscaban huecos más espaciosos en el tráfico antes de decidirse a cruzar.

Fue algo que también descubrí yo intuitivamente: esos 7 días que dediqué a conducir por Escocia lo hice con una gota gorda permanente en la frente. Probablemente nunca fui tan confiado esos días como lo había sido en España.

Vía | Tráfico de Tom Vanderbilt

Ojo cientifico - Energía nuclear: Ventajas y desventajas

Octubre 15, 2010

Energía nuclear: Ventajas y desventajas

Energía nuclear: Ventajas y desventajasVentajas

Entre todas las fuentes de energía con las que contamos, la energía nuclear es una de las más discutidas debido a su carácter polémico, pero también una de las más utilizadas debido a su innumerable cantidad de ventajas asociadas a su uso. Por ello hoy hablaremos de las ventajas y desventajas de la energía nuclear, un tema que debería competernos a todos.

Comencemos definiendo la energía nuclear como el tipo de energía que se libera a partir de las reacciones nucleares. Esta energía es aprovechada por el hombre con diversos fines, como por ejemplo para obtener energía eléctrica, mecánica y térmica, aplicándola con diversas finalidades.

Las dos formas que existen para obtener energía nuclear y que se aplican en ciencia y tecnología son la fisión y la fusión nuclear. La primera ocurre en el núcleo de un átomo, el cual se divide en dos o más núcleos liberando otros subproductos, mientras que la fusión nuclear es el proceso por el que varios núcleos se unen para formar un núcleo más pesado.

 

Energía nuclear: Ventajas y desventajas

En primer lugar vale aclarar que la energía nuclear es sumamente ventajosa en varios aspectos.

Por ejemplo, genera gran parte de la energía eléctrica que consumimos día a día, y sólo en la Unión Europea un tercio de la energía eléctrica utilizada se obtiene por energía nuclear, evitando 700 millones de toneladas de CO2 hacia la atmósfera.

Al ser una energía no contaminante, su uso garantiza un daño menor al medio ambiente, evitando el uso de combustibles fósiles, generando con poco combustible mucha energía.

En cuanto a sus desventajas, los riesgos de accidentes nucleares son conocidos. Chernobyl es paradigmático en este aspecto, y si no se toman los recaudos de seguridad necesarios el riesgo para la humanidad es enorme.

De hecho, las centrales nucleares demandan un alto costo de construcción y mantenimiento, y por ello en muchos casos se prefiere el uso de combustibles fósiles.

Además, las posibilidades de usos no pacíficos de la energía nuclear es real, y muchas naciones pueden utilizarlas con fines bélicos absolutamente condenables.

Posible prueba empírica de la Teoría de Cuerdas

Posible prueba empírica de la Teoría de Cuerdas

La Teoría de Cuerdas es un modelo de la física del que algunos esperan que llegue a surgir la anhelada “Teoría del Todo”, para describir cualquier fenómeno de la Naturaleza. Sin embargo, hasta la fecha, la veracidad de dicha Teoría no se ha podido constatar empíricamente. Ahora, un equipo de investigadores del Imperial College London proponen que se demuestre a través de un fenómeno con el que nunca había sido relacionada: el entrelazamiento cuántico. Por Yaiza Martínez.
Posible prueba empírica de la Teoría de Cuerdas
La Teoría de Cuerdas es un modelo de la física en el que se contemplan las partículas materiales puntuales como si éstas fueran "estados vibracionales" de objetos denominados "cuerdas" o "filamentos".

Así, según esta perspectiva, por ejemplo, los electrones no serían “puntos” u objetos puntuales sino minúsculas cuerdas que vibrarían en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones, pudiendo no sólo moverse como un punto en un espacio tridimensional sino, también, oscilar de distintas maneras para comportarse como un fotón, un quark o cualquier otra partícula subatómica.

Los seguidores de la teoría de cuerdas consideran que esta teoría es la mejor candidata para convertirse en una Teoría Unificada o Teoría del Todo, es decir, una teoría capaz de describir todos los fenómenos ocurridos en la naturaleza debido a las cuatro fuerzas fundamentales: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción nuclear fuerte y débil.

Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible aportar prueba experimental alguna que avale la Teoría de Cuerdas, por lo que ha llegado a ser tachada como “pseudociencia” por algunos especialistas.

Posible comprobación empírica

Ahora, un equipo de investigadores del Imperial College London describe, en un artículo publicado por la revista Physical Review Letters, cómo llevar a cabo la primera prueba experimental sobre la validez o invalidez de la Teoría de Cuerdas.

Según ellos, la Teoría de Cuerdas parece predecir un comportamiento de las partículas subatómicas conocido como “entrelazamiento cuántico”, por el que los estados de dos o más partículas se vuelven tan inextricablemente interconectados que ninguno de ellos puede describirse por separado.

Tanto es así, que incluso cuando dos partículas “entrelazadas” distan entre sí millones de kilómetros, en cuanto se cuantifica el estado de una de ellas, el de la otra se conoce al instante.

Dado que el entrelazamiento cuántico se puede probar en laboratorio, se podría utilizar para comprobar que las predicciones de la Teoría de Cuerdas sobre este comportamiento subatómico son verídicas, explican los investigadores en un comunicado del Imperial College London.

Aplicación en un área inesperada

Según los científicos, utilizar la Teoría de Cuerdas para predecir cómo se comportan las partículas cuánticas entrelazadas supondría, por tanto, la primera oportunidad de probar dicha teoría mediante experimentación.

En otras palabras, señala el profesor Michael Duff, del Departamento de Física Teórica del Imperial College y director de la presente investigación: “si los experimentos demuestran que nuestras predicciones sobre el entrelazamiento cuántico son correctas, esto demostrará que la Teoría de Cuerdas “sirve” para predecir el comportamiento de los sistemas cuánticos entrelazados”.

Posible prueba empírica de la Teoría de Cuerdas
Esta demostración no probará que esta Teoría es la mejor opción para generar una “Teoría Unificada” o “Teoría del Todo”, pero sí podría resultar de gran importancia para los físicos teóricos, ya que demostraría la aplicación de la Teoría de Cuerdas a un área inesperada.

Hallazgo casual

El establecimiento de una relación entre la Teoría de Cuerdas y el entrelazamiento cuántico fue prácticamente casual. Según explica Duff, se produjo durante una conferencia en Tasmania en la que otro físico presentaba fórmulas matemáticas que describían el entrelazamiento cuántico.

En medio de dicha conferencia, de pronto, Duff se dio cuenta de la similitud entre las fórmulas presentadas por su colega, y otras que él mismo había desarrollado unos años atrás al utilizar la Teoría de Cuerdas para describir los agujeros negros.

Cuando Duff regresó al Reino Unido, revisó sus notas de entonces y confirmó que las matemáticas empleadas en ambos casos eran idénticas.

En concreto, Duff y sus colaboradores constataron que la descripción matemática de las características del entrelazamiento entre qubits (unidad mínima y por lo tanto constitutiva de la información cuántica) se asemejaba a la descripción matemática, mediante la Teoría de Cuerdas, de una clase particular de agujero negro.

De esta forma, los científicos comprendieron que combinando los conocimientos acerca de dos de los más extraños fenómenos del universo: los agujeros negros y el entrelazamiento cuántico, podrían usar la Teoría de Cuerdas para hacer una predicción que, a su vez, podría ponerse a prueba.

La predicción se hará sobre el patrón del entrelazamiento entre cuatro qubits entrelazados, una fenómeno que se puede medir en laboratorio. La exactitud de esta predicción será considerada una prueba de la veracidad de la Teoría de Cuerdas.

Algo muy profundo o mera coincidencia

Por el momento, no hay una explicación obvia sobre el porqué una teoría que está siendo desarrollada para describir el funcionamiento fundamental de nuestro universo resulta también útil para predecir el comportamiento de los sistemas cuánticos entrelazados.

Según Duff, no hay ninguna conexión obvia para explicar por qué una teoría que está siendo desarrollada para describir el funcionamiento fundamental de nuestro universo es útil para predecir igualmente el comportamiento de sistemas cuánticos entrelazados. “Esto puede ser un detalle muy profundo sobre el mundo en que vivimos, o puede ser nada más que una coincidencia peculiar. De cualquier manera, resultará útil”, afirmó el científico.

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(Tendencias21)

Buscando acero alemán de la Primera Guerra Mundial para alcanzar las estrellas

Buscando acero alemán de la Primera Guerra Mundial para alcanzar las estrellas (I)

 

¿Qué tiene que ver un contingente de barcos hundido durante la Primera Guerra Mundial con la exploración del espacio? ¿Por qué es tan importante el acero de aquella época y se invierte tantos recursos en recuperarlo si es más fácil obtenerlo por otras vías? ¿Qué extraño lugar es Scapa Flow?

A todas estas preguntas y a otras más os responderé a lo largo de este artículo.

Todo empezó durante mi viaje al norte de Escocia. Una vez el coche ya no tiene más carretera que consumir, entonces la tierra se acaba. Más allá, sólo un mar frío y desapacible punteado por una miríada de islas que contienen yacimientos prehistóricos extraordinarios y construcciones más antiguas que las pirámides de Egipto.

En una tienda de souvenirs pude contemplar la siguiente estampa en una postal: un coche saltando al vacío desde John O´Groats, el pueblo con el que termina Escocia, y el conductor comunicándole a su mujer: querida, me temo que la tierra se ha acabado.

Aquí los paisajes son tan verdes que parecen de dibujos animados. Los acantilados recuerdan a los de la Princesa Prometida. Hay vacas peludas, prehistóricas, pastando a lo lejos (cuya carne, doy fe, está deliciosa, aunque tanto pelo te haga pensar que en realidad has llegado a la luna de Endor). Y desde este pequeño pueblo también parten ferrys que conectan con las islas Orcadas.

Tras un par de horas de viaje, os podéis plantar entonces en Scapa Flow. Quizá uno de los sitios más mágicos que podéis encontrar bajo el mar, excluyendo la Gran Barrera de Coral.

Las Orcadas son un archipiélago de unas 70 islas, de las cuales 20 están habitadas, frente a la costa norte de Escocia. Imaginaos el bucólico escenario. Playas lejanas y olvidadas. Enormes acantilados azotados por un mar rugiente. Granjas aisladas y muy dispersas entre sí (sólo en la ciudad de Kirkwall podéis encontrar un poco de animación). Yacimientos arqueológicos de la Edad de Piedra, los menhires de Ring of Brodgar o los fantasmas de la mansión de Skaill House.

Pero el lugar más mágico de las Orcadas está bajo el mar. Un lugar único para los aficionados al submarinismo: Scapa Flow. Un puerto natural repleto de pecios pertenecientes a una flota de buques alemanes de la Primera Guerra Mundial que optó por hundirse a sí misma antes que ser capturada por los británicos.

Este fondeadero ya fue usado por los navíos de guerra vikingos y luego perteneció a la Royal Navy británica hasta 1956. Tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, 74 navíos de la Kaiserliche Marine quedaron retenidos en la bahía con un incierto futuro.

En noviembre de 1918 ya se habían convertido en una especie de atracción turística. Pero el almirante Ludwing von Reuter, oficial al mando en Scapa Flow, tras entender mal un titular de periódico que le hizo pensar que se iban a reanudar los ataques, dio la orden de echar a pique los barcos el 21 de junio de 1919 para impedir que cayeran en manos británicas. Como resultado de ello, se hundieron un buen puñado naves.

10 acorazados: SMS Bayern, SMS Kronprinz Wilhelm, SMS Markgraf, SMS Großer Kurfürst, SMS Prinzregent Luitpold, SMS Kaiser, SMS Kaiserin, SMS Friedrich der Große, SMS König Albert y el SMS König. El SMS Baden se salvó del hundimiento por estar varado.

5 cruceros de batalla: SMS Hindenburg, SMS Derfflinger, SMS Seydlitz, SMS Moltke y SMS Von der Tann.

5 cruceros: SMS Cöln II, SMS Karlsruhe II, SMS Dresden II, SMS Brummer y SMS Bremse. El SMS Nürnberg II, SMS Frankfurt y SMS Emden II estaban varados.

44 destructores: de ellos sólo se conservan bajo el agua 3 acorazados, 4 buques ligeros y 5 torpederos. El resto fue reflotado por un tal Ernest Cox, que compró y rescató 43 de las naves en la década de 1920. Hizo ascender los barcos más pequeños con muelles flotantes. A los mayores como el SMS Hindenburg, que pesaba 28.000 toneladas, les parcheó todos sus agujeros, bombeando a continuación el casco con aire comprimido para extraer el agua y hacer flotar la estructura boca abajo.

Buscando acero alemán de la Primera Guerra Mundial para alcanzar las estrellas (II)

En la actualidad, Scapa Flow es un cementerio sumergido. Una ciudad de acero en la que podría saliros al paso Neptuno o la sirenita del cuento de Hans Christian Andersen. Un mundo submarino en ruinas que está siendo devorado por la naturaleza mientras se convierte en un gran coral artificial.

Muchas empresas ofrecen inmersiones en Scapa Flow para contemplar estos gigantes de hierro hundidos, lo cual ha convertido el lugar en uno de los más preciados por los buceadores. Un total de 25.000 toneladas de acorazados de la flota alemana esperan allí abajo para que sean redescubiertos por turistas aventureros. Pecios llenos de óxido y algas, lo cual les confiere una apariencia como de ciudad abandonada.

Un día típico en Scapa Flow empieza zarpando del muelle a eso de las 8 de la mañana mientras uno ingiere un opíparo desayuno inglés compuesto de cereales, tostadas, té y demás para afrontar la jornada con energía. El agua está a unos 8 o 10 grados centígrados.

Junto al traje de buceo y el equipo de supervivencia no puede faltar una boya de señalización, que podéis usar para ser recogidos por la embarcación al finalizar la inmersión. Bucear entre los pecios puede resultar peligroso, y ya se han producido algunas muertes, pero internarse por las entrañas de esas gigantescas estructuras de hierro, como el Wilhem, el Brummer, el Kronprinz o el Koenig, iluminando con vuestro foco de luz a los lábridos, galanos, congrios, langostas y pulpos que allí habitan, es una sensación indescriptible.

El agua no está sucia, pero la falta de luz solar no os permitirá tener una panorámica general de las estructuras y el armamento pesado de estos colosos inertes, lo cual también os hará sentir como diminutos seres entrando y saliendo de ballenas de metal.

Algunas de las empresas incluso os permitirán alquilar divertidos trajes de buceo que imitan los trajes de Superman, Spiderman y otros personajes, lo cual debe de dar una imagen un tanto extravagante: superhéroes patosos buceando y echando fotos entre chatarra alemana hundida durante la Primera Guerra Mundial. Y es que el turista de pro no conoce límites a su sentido del ridículo.

Sin embargo, todo ese metal es más importante de lo que parece. No es sólo constituye un lugar de buceo mágico sino que es una fuente indispensable para construir determinados elementos de vehículos espaciales.

¿Por qué ese acero es tan importante? Porque fue forjado antes de que la humanidad hiciera explotar sus primeras bombas atómicas. Ese acero, pues, no contiene las pequeñas trazas de contaminación radiactiva que contiene el resto del acero forjado después de que explotaran las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Buscando acero alemán de la Primera Guerra Mundial para alcanzar las estrellas (y III)

Os explicaba que el acero que se encuentra en las profundidades de Scapa Flow no tiene restos radiactivos porque fue forjado antes de 1945. Esto es debido a que en la fabricación del acero se emplea una enorme cantidad de aire que transfiere su radiactividad al acero.

Si bien no hay ventajas en la utilización de este tipo de acero en usos ordinarios, ya que es mucho más barato fabricar acero nuevo, resulta imprescindible para fabricar monitores de radiación extremadamente sensibles como los empleados en naves espaciales.

¿Por ejemplo? El equipo que la misión Apolo, que ahora permanece en la Luna (sí, supongo que el Kaiser nunca sospechó su flota permanecería en nuestro satélite natural).

O partes de la sonda Galileo que llegó a Júpiter.

O la sonda Pioneer que ya ha superado la órbita de Plutón.

Así pues, la recuperación de este acero alemán sería algo así como la búsqueda de perlas o diamantes. Sin embargo, esos fragmentos no servirán para adornar cuellos ni anillos de compromiso sino para alcanzar las estrellas.

Dan Van Der Vat ha contado esta historia en The Grand Scuttle: The Sinking of the German Fleet at Scapa Flow in 1919.

Genciencia - El Gobierno Galáctico de Dennis Hope

El Gobierno Galáctico de Dennis Hope (I)

Adelantándose a varios siglos a su tiempo, Dennis M. Hope ya está haciendo negocio vendiendo parcelas fueras de la Tierra a 19,99 dólares el acre (4.000 metros cuadrados), más la tasa extraterrestre correspondiente: 1,51 dólares. Ya han sido adquiridos 536 millones de acres (quedan 9.444 millones con opción a compra). Y es que Hope es el dueño de la Luna y los 8 planetas del Sistema Solar desde 1980.

Este pionero es presidente “constitucionalmente reconocido” del “Gobierno Galáctico”, bajo el cual existe una ciudadanía de 5.379.000 habitantes, entre los cuales se encuentran famosos como Tom Hanks, George Lucas, Clint Eastwood, Nicole Kidman, Meg Ryan, Tom Cruise, Ronald Reagan o George Bush, además de una treintena de trabajadores de la NASA.

Es un gobierno fuera de nuestro planeta, y sus ciudadanos jamás han pisado las tierras que han adquirido a un módico precio, pero Hope se ha tomado muy en serio su gobierno. Todo empezó el 22 de noviembre de 1980, cuando registró a su nombre el satélite y el resto de planetas del Sistema Solar y fundó la compañía Lunar Embassy, “los líderes del mercado extraterrestre”, como se autodenominan en su web oficial.

A nadie se le había ocurrido antes registrar a su nombre los 200 billones de acres que existen en nuestro sistema, sencillamente porque sonaba descabellado. Pero Hope, en pleno proceso de divorcio, en el paro y a punto de entrar en bancarrota, tuvo una revelación mientras conducía su coche en una noche de luna llena. Al parecer, era un ventrílocuo mediocre (movía demasiado los labios) que viajaba con su muñeco de pueblo en pueblo.

Miró al cielo y se preguntó, ¿por qué no? Ni corto ni perezoso, condujo hacia la biblioteca más próxima y releyó el Tratado del Espacio Exterior de 1967. “Me vino a la cabeza una clase de ciencias en la que estudiamos el tratado. Decía que ninguna nación se podía apropiar de los astros, pero no recordaba que se mencionara nada de las personas particulares”.

Con la cara más dura que el cemento armado, Hope creó una declaración de propiedad de la Luna y los otros 8 planetas y sus lunas y la registró en San Francisco, no sin antes discutir durante 5 horas con los funcionarios de la oficina de registro. También envió la notificación a la ONU, al Gobierno de los Estados Unidos y a la URSS, anexando una nota en la que explicaba sus intenciones de subdividir las propiedades y venderlas.

No recibió ninguna noticia de nadie, pues supongo que todos creyeron que se trataba de un lunático, nunca mejor dicho. Esta falta de atención fue interpretada por Hope como una aceptación tácita de su idea. Hope ya no sólo era dueño de todas las tierras del Sistema Solar sino también de los objetos que los gobiernos del mundo hayan dejado olvidados en ellas: por ejemplo, los aparatos y vehículos que la NASA dejó en la Luna. Incluida la bandera americana.

La gente parece haberse tomado en serio sus anhelos territoriales y han respondido sin ninguna prudencia a la estafa, pues tampoco el riesgo es tan elevado: tener un acre en el espacio no es demasiado caro y puede ser un buen tema de conversación en cualquier reunión.

Y Hope, que declara que su proyecto va más allá del mero interés económico, ya ha hecho confeccionar la moneda para su Gobierno Galáctico: la delta. Si os interesa haceros con un terreno extraterreste, informaros que España cuenta con un agente de Lunar Embassy: Bernardo von Borstel, un alemán residente en Palma de Malloca que ya ha vendido entre 800 y 1.000 parcelas.

Pero la especulación espacial no había hecho más que empezar, como os explicaré en la próxima entrega de esta serie de artículos

El Gobierno Galáctico de Dennis Hope (II)

Los inicios de Hope como agente inmobiliario selenita no fueron tan boyantes como cabe imaginar: al principio apenas ganaba para vivir humildemente en casa de su madre. Pero fue a raíz de la difusión de Internet, en el año 2000, que las ventas crecieron exponencialmente hasta alcanzar las cifras insólitas que hoy podemos leer; incluso algún incauto se hizo con unas parcelas de Mercurio, Venus y Marte.

El éxito de Hope llamó la atención de otros avispados hombres de negocios, que también abrieron sus propias agencias inmobiliarias espaciales, como Lunar Registry o Lunar Republic Society. El caso de esta última es bien curioso: se fundó el 20 de julio de 1999, en California, y su sede actual está en Nueva York. Afirman haber comercializado 1 millón de metros cuadrados de pacerlas con nombres tan sugerentes como Lago de los Sueños, Alpes Lunares, Mar de la Tranquilidad, Bahía del Arco Iris, Bahía del Amor o Mar de las Lluvias.

 

Lunar Registry, por su parte, anuncia en su página web:

¡No encontrará nada más apasionante en la Tierra que un acre de una magnífica propiedad en la Luna! Además se completa con un certificado personalizado de la escritura en papel de pergamino, una fotografía por satélite de la propiedad, información geográfica para ayudarle a localizarla (tanto si la está viendo a través del telescopio como si la visita en persona) y ¡mucho más! Todos los documentos poseen un diseño profesional, están elegantemente impresos y constituyen un gran tema de conversación cuando están enmarcados en su oficina o en su casa.

Hope, que se considera el único capacitado legalmente para vender parcelas en otros planetas, invierte parte de sus ganancias en equipos de abogados que pleiteen con éstas y otras compañías que buscan copiar su lucrativo modelo de negocio.

Ahora, sin embargo, parece que la crisis inmobiliaria también está afectando al ritmo de ventas a nuestro satélite, que han caído en picado. Y a esto se le suman los continuos intentos judiciales de detener las estafas de Hope alrededor del mundo. Algunas de sus sucursales ya han tenido que clausurar sus puertas acusadas de fraude y estafa y sus encargados han sido arrestados, como es el caso de Lisa Fulkerson y su sucursal en Canadá o el de un ex militar de la Alemania Oriental llamado Holger Czajka.

La sucursal cerrada en China, la Beijin Lunar Village New Energy Science and Technology, que vendía la hectárea por unos 74 euros, cedía al propietario no sólo la parcela sino el derecho a usar los minerales que hubiera desde la superficie hasta tres kilómetros por debajo de ella. El director general de esta sucursal, Lie Jie, sigue libre, y ahora vende bolsas con aire del Mundial de Alemania. El contenido de estas bolsas, según el mismo certifica, fue recogido mientras los operarios segaban el césped, de modo que sospecho que el aire debe de oler a hierba recién cortada.

La próxima vez que enfoquéis la Luna o cualquier otro planeta con vuestro telescopio, quizá diviséis uno de esos carteles en los que se lee “Vendido”.

O el Sol, como descubriréis en la última entrega de esta serie de artículos el pelotazo urbanístico al estilo Benidorm-Strar Trek.

El Gobierno Galáctico de Dennis Hope (y III)

Si lo que os interesa, sin embargo, es haceros con una porción del Sol (aunque jamás podréis poner los pies sobre vuestra parcela por razones obvias), entonces el asunto se complica. Hope no es el único propietario en este caso. Un tal Virgiliu Pop, investigador de la Universidad de Glasgow, también tiene bajo registro el astro rey. Su acción, tal y como señala en su blog, no era otra que dejar en evidencia lo ridículas que eran las aspiraciones soberanistas de Hope.

Al parecer, Pop envió una factura a Hope en la que le reclamaba 30 millones de dólares por usar su energía. Hope, sin perder la ironía que envuelve a todo su proyecto intergaláctico, le respondió con un escueto: “Hemos decidido no hacerla servir, por favor, apáguela”.

Antes de la idea de Hope, La Luna, además de haber servido de telón de fondo para los enamorados o de inspiración para los poetas, también sufrió el ansia de posesión de otro personaje.

Aunque en teoría la Luna pertenece a todos los habitantes de la Tierra (el Instituto Internacional de Derecho Espacial está trabajando para la ONU en un documento que pretende anular todas las compras de parcelas más allá de los límites de la Tierra), el primer listillo de la historia en considerarse legalmente dueño de la misma fue el abogado Jenaro Gajardo Vera, en 1953.

La inscribió en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca tras desembolsar 42 pesos chilenos de la época, un precio bastante asequible si hablamos de un satélite de ese tamaño. Al parecer, Gajardo Vera se hizo con la Luna simplemente porque fue rechazado al formar parte de un club social de Talca.

Y la gente se tomó lo suficientemente en serio sus documentos legales como para que el presidente Richard Nixon, antes del alunizaje del Apolo XI, en 1969, le hiciera llegar un telegrama que decía: “Solicito en nombre del pueblo de los Estados Unidos autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece”.

Por todos era conocido el poco sentido del humor que gastaba Nixon, así que hay que tomarse este comunicado como oficial. Gajardo Vera no tardó en responder al telegrama: “En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria”.

Suena delirante, pero habida cuenta de este intercambio de comunicados, quizá las primeras palabras de Armstrong al pisar la Luna hubieran tenido que ser algo parecido a: “Es un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad, gracias al permiso oficial de Jenaro Gajardo Vera, amo y señor de esta tierra”.

En 1998, Gajardo Vera falleció en el balneario Rocas de Santo Domingo, lugar próximo a Santiago de Chile. Nadie reclamó entonces la propiedad del satélite, lo que nos lleva a pensar que éste no constaba en su testamento y que Gajardo Vera, en efecto, jamás tuvo la intención de hacer negocio con la Luna, al contrario que Hope.

La decisión de utilizar la bomba atómica, cuestión de ciencia

La decisión de utilizar la bomba atómica, cuestión de ciencia

El 6 y el 9 de agosto de 1945, después de intensos meses de bombardeos contra el imperio de Japón, el presidente de los Estados Unidos Harry Truman, ordenó el lanzamiento de las armas nucleares Little Boy y Fat Man sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki como punto y final a la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente hasta la fecha constituyen los únicos ataques nucleares de la historia. Encontrar el culpable de tal genocidio no devolverá el daño sufrido, y mucho menos intentar buscar quienes fueron los culpables,..¿los científicos que la crearon? o ¿los políticos que lo mandaron?.  Quizás fue la Sociedad en si…

A finales de junio de 1945 en pleno conflicto con Japón,  se reunieron en secreto un grupo de empresas con un alto nivel de liquidez denominadas Blue Chip, con el secretario de guerra Henry L. Stimson y con la aprobación del presidente Truman. La reunión no era otra que examinar los problemas que pudieran derivarse de la creación de una bomba atómica y que hacer exactamente con este tipo de arma. A la reunión también asistieron subsecretarios de la marina de guerra, de Estado y de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico. Una representación completa de la “sociedad“ americana se reunía con enorme sigilo.

El presidente del comité de investigación de la Defensa Nacional y presidente de la Universidad de Harvard George L. Harrison, alegó…

Las opiniones de nuestros colegas científicos sobre el uso inicial de estas armas no son unánimes, van desde la propuesta de una manifestación puramente técnica, a la de la aplicación militar más adecuada para inducir la rendición“.

“Los que abogan por una manifestación puramente técnica, desearían prohibir el uso de armas atómicas, temiendo que si usamos las armas ahora, nuestra posición en las negociaciones futuras se verán perjudicadas“.

“Otros en cambio, hacen hincapié en que es la oportunidad de salvar vidas estadounidenses con el uso militar inmediatamente, además esto ayudará a mejorar las perspectivas internacionales, que están más interesadas en la prevención de la guerra que en la eliminación de esta arma específica. No vemos ninguna alternativa aceptable que pueda poner fin a la guerra. El arma debe ser utilizada en un objetivo doble sin previo aviso,..una instalación militar o al lado de casas u otros edificios más susceptibles al daño“.

Las dudas continuaban en cuanto a su uso. Muy poco después, en julio de 1945, Arthur H. Compton solicitó a Farrigton Daniels, director de la sección de laboratorio del Proyecto Manhattan en Chicago, realizar un sondeo a los 250 científicos que se encontraban en Farrigton.

La encuesta pura y simple de Compton fue la siguiente, ¿Como podemos usar la bomba atómica?.

1- Usarla desde el punto de vista militar para una pronta rendición japonesa, con un coste mínimo humano de nuestras fuerzas.

2-Dar una demostración militar a este país, dando una nueva oportunidad para rendirse antes de la plena utilización del arma.

3-Dar una demostración experimental del poder del arma a los representantes de Japón, seguida de una nueva oportunidad para rendirse antes de la plena utilización.

4-Retener el uso militar de las armas, pero hacer una demostración pública experimental de su eficacia.

5-Mantener en secreto como sea posible todos los acontecimientos de nuestras nuevas armas y abstenerse de utilizarlos en esta guerra.

Aquí están las preguntas y los resultados de las respuestas…

Los resultados de la encuesta contestada por 150 de las 250 fueron interpretados rotundamente,…el 87% estaban a favor del uso militar de las bombas, sólo el 15% de los científicos pensaron que las bombas se debían de suprimir. Aunque casi la mitad de ellos pensaban que una demostración de hegemonía antes, podría renovar los esfuerzos de negociación para una rendición incondicional.

La respuesta de Compton para todos fue apenas por excelencia…“Mi voto está con la mayoría, a mi me parece que tal y como se encuentra la guerra, la bomba se debe utilizar, pero no más drásticamente de lo necesario“.

Los resultados de la encuesta fueron recogidos por el boletín de los científicos atómicos y publicados en el propio libro de Compton años más tarde, en 1956.

Fuera de quien fuese la terrible decisión, los días 6 y 9 de agosto de 1945 se produjo una rigurosa, enérgica y radical respuesta de muerte, a las ciudades de Hirosima y Nagasaki…Ojalá sea la última.

Más información en Ptak Ciencie Books, donde el autor, un comerciante de libros llamado Jonh Petak ha decidido emular una encuesta en la actualidad, muy recomendado su blog.

Mucho más también en artículo de Morton Louis

Terríbles fotos de The Big Pictures, Hirosima hace 64 años, también interesante carta de Einstein al presidente Roosevelt

Si te gustan las historias de bombas, pero mucho menos peligrosas, igual te puede gustar Candy Bombers, bombas de felicidad




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Genciencia - EL LHC para tontos

EL LHC para tontos (I)

Siguiendo el espíritu de esos manuales sobre temas complejos orientados a dummies o tontos, voy a tratar de explicaros de la forma más accesible y fácil lo que realmente es el experimento científico de moda en todo el mundo: El Gran Colisionador de Hadrones (LHC).

EL LHC es la construcción humana más titánica de la historia por sus implicaciones, el mayor esfuerzo de colaboración conjunta entre naciones y la inversión de los más sofisticados conocimientos científicos que poseemos en busca de respuestas importantes a preguntas importantes. Hasta vosotros mismos estáis dando unos céntimos de vuestros impuestos para hacer realidad tan magna empresa.

Porque la mayoría de gente ignora que parte de sus ingresos se invierten en la catedral más formidable y minuciosamente construida del ser humano. De hecho también ignora cómo funciona el experimento. Tal vez la gente suele perder demasiado tiempo aprendiéndose de memoria los hechizos de un juego de rol o la alineación de los equipos de fútbol y no presta atención a la magia de verdad que está a punto de chisporrotear a pocos kilómetros de su domicilio para cambiar, tal vez, nuestra idea del universo y de nosotros mismos. Todo el mundo conoce a Harry Potter pero pocos el nombre de la persona que accionará el botón-varita que pondrá en marcha el Gran Hechizo.

LHC son las siglas por las que generalmente se conoce al Gran Colisionador de Hadrones (en inglés, Large Hadron Collider). Un pomposo nombre para el acelerador de partículas más grande del planeta, ubicado en el CERN, otras siglas que significan Organización Europea para la Investigación Nuclear (en francés, Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), que está en la frontera franco-suiza, muy cerca de Ginebra, rodeado del macizo del Jura. Pero tanta sigla no aclara nada. ¿Qué es realmente un acelerador de partículas y por qué resulta tan desorbitadamente costoso de construir?

Bien, para eso vamos a echar un vistazo a los átomos. Todos sabemos qué es un átomo: un núcleo de protones y neutrones rodeado por una nube de electrones. Sin embargo, hay más.

A pesar de que etimológicamente hablando la palabra “átomo” significa indivisible, no es cierto. Los hadrones (que así se llaman a los protones, los neutrones y a otras partículas gobernadas por determinadas fuerzas) están compuestos de partículas bautizadas como quarks. El nombre se lo puso el físico Murray Gell-Mann, del Instituto Tecnológico de California, en la década de 1960, y proviene de una frase de la novela de James Joyce Finnegan´s Wake: “Tres quarks para Muster Mark”.

A pesar del interés de Joyce de que quark se pronunciara de modo que rimara con Mark, los científicos la suelen pronunciar como kwôrk (al igual que pork), parecido al nombre del queso alemán. Con el tiempo, empezaron a definirse categorías de quarks: arriba, abajo, extraño, encanto, superior e inferior, y que a su vez se dividen en los colores rojo, verde y azul.

Una catalogación totalmente arbitraria, por supuesto, porque cuando estamos hablando de cosas tan infinitesimales ya no existen ni los colores ni cualquier otra característica física inidentificable por los ojos humanos.

También surgieron los leptones, los muones, los gluones, los bosones, los lectones, los neutrinos… y así seguiremos quién sabe hasta cuando, yendo cada vez a niveles más pequeños y fundamentales de la materia. Un lío bastante complejo que quizás durante el transcurso del siglo veintiuno se pueda finalmente descifrar.

No es raro entonces que hasta el físico italiano premiado con el Nobel de Física en 1938, Enrico Fermi, dijera: “Si pudiese recordar los nombres de todas esas partículas me habría dedicado a la botánica”.

Hasta aquí las partículas pequeñísimas. En la próxima entrega de esta serie de artículos para tontos, más.

EL LHC para tontos (II)

Cuando estamos tratando con objetos tan diminutos y evanescentes como son las partículas que constituyen un átomo, de nada sirven ni los ojos ni el microscopio, ni siquiera el microscopio electrónico de barrido más potente del mundo.

En el propio CERN, en 1970 se empleaba una extraña máquina para desvelar los misterios del microcosmos: La Cámara de Burbujas de Gargamel. Pero, con todo, la forma más eficiente de notar la presencia de muchas partículas subatómicas es excitándolas para que revelen su existencia, al menos durante una fracción de segundo. Algo así como si lanzaran un grito de dolor.

De esta manera tan extraña podemos intuir que están ahí, formando ladrillo a ladrillo toda la realidad que conocemos. Y la forma más sencilla de excitar una partícula subatómica consiste en estrellarla a toda velocidad contra una pared o contra otra partícula.

¿Habéis visto esas simulaciones de accidentes de coche en las que se estampa la carrocería contra un muro de hormigón, vapuleando las marionetas que están al volante, los crash test dummies, como si fueran peleles?

Pues algo parecido, pero aquí los crash test dummies son los núcleos atómicos, y la velocidad a la que aceleramos el, digamos, coche, está próxima a los 300.000 kilómetros por segundo, la velocidad de la luz, la velocidad máxima teórica que un cuerpo puede desarrollar sin violar ninguna ley física (aunque de largo viola las de tráfico).

Un acelerador no es algo tan exótico como pudiera parecer a primera vista. Todos, en nuestras casas, tenemos al menos un acelerador de partículas, concretamente en la sala de estar. Se trata del televisor. Lo que hace el tubo de rayos catódicos de un televisor es tomar electrones separados de los átomos y empujarlos mediante campos electromagnéticos contra la pantalla, curvándolos así o asá para que dibujen en la pantalla la imagen deseada.

El LHC es como un televisor a una escala mucho mayor: el tubo de rayos catódicos es un túnel subterráneo de 27 kilómetros por el que se pretende acelerar las partículas de tal forma que completen 11.000 veces por segundo ese tramo.

Así pues, el tramo es circular, para que la partícula se acelere igual que la ropa en el centrifugado de la lavadora, cada vez más y más rápido, siendo atraída y empujada por los electroimanes que se irá encontrando en su recorrido endiablado: el primer imán atraerá la partícula, pero justo cuando ésta pase de largo, entonces el imán cambiará de polaridad para repelerla y empujarla hacia el siguiente imán, que la atraerá hasta que haya pasado de largo para cambiar de polaridad, y así sucesivamente.

Al colisionar la partícula contra otra partícula, entonces, tal y como refiere el físico teórico John Ellis, se pelará una nueva capa de la cebolla de la materia, sin saber lo que nos vamos a encontrar.

Para conseguir algo así se requiere, como dije, montañas de dinero y una gran infraestructura. Estamos hablando de cantidades descomunales de dinero para un objetivo que muy pocos están capacitados para comprender en profundidad (y mucho menos los responsables gubernamentales que determinan las partidas presupuestarias para esta clase de proyectos).

No debemos tampoco creernos unos incapaces por no entender demasiado de qué va todo esto, pues por ahí corre la idea de que si realmente un científico cree entender la mecánica cuántica (la física que estudia las partículas) entonces es que no la entiende.

Porque la mecánica cuántica es difícil de entender con un cerebro como el nuestro. Sólo se puede explicar mediante fórmulas, el lenguaje universal de las matemáticas. Tranquilos, no voy a someteros a la tortura de enunciar dichas fórmulas. Ya comentó el físico Paul Davies en la revista Nature que es “casi imposible para los no científicos diferenciar entre lo legítimamente extraño y la simple chifladura”.

EL LHC para tontos (III)

El ejemplo más megalómano de construcción de aceleradores de partículas empezó a concebirse en Estados Unidos, en 1991, en los alrededores de Waxahachie (Texas). Se llamaba SSC (Superconducting Supercollider).

Esta catedral nuclear iba a resultar verdaderamente monstruosa, mucho más que el LHC. Con más de 84 kilómetros de longitud (imaginad una visita guiada a pie), su coste habría ascendido a 8.000 millones de dólares y a cientos de millones anuales de mantenimiento. El SSC sería capaz de generar rayos de 30 TeV (millones y millones de electrón-voltios) y unos 40 TeV en el centro de masa (más del doble del LHC).

 

El Congreso de los Estados Unidos gastó 2.000 millones, pero después de haber excavado un túnel de ya 22 kilómetros de longitud, amurallado con gruesas paredes de concreto, y sufrir toda clase de problemas con los plazos de tiempo previstos, los contratistas y otros imponderables, se canceló el proyecto en 1993 ante el temor de que los costes se descontrolaran y los resultados acabaran siendo infructuosos.

El cambio de gobierno de Clinton y el interés centrado en una nueva hazaña técnica, la construcción de la Estación Espacial Internacional, hizo que el SSC se olvidara para siempre. La cosa fue como empezar a levantar el parque de atracciones más espectacular del mundo para no abrir jamás sus puertas al público. Ahora, en Texas, se puede visitar el vestigio de aquel proyecto: un enorme agujero que no sirve para nada, aunque sin duda es el agujero más caro que se ha excavado nunca.

Pero estos obstáculos de financiación, por suerte, no han tenido lugar en el LHC. Por poco, eso sí.

El LHC parece una gran tubería circular bajo tierra. Lo que nos lleva a otra pregunta tonta: ¿en qué si diferencia un acelerador de partículas de un túnel para el metro?

El LHC es un túnel subterráneo en forma de círculo de unos 26 kilómetros de longitud tachonado de 9.300 bobinas magnéticas superconductoras capaces de hacer circular billones de voltios de electricidad.

Su coste fue estimado en 1995 en 1.700 millones de euros junto a otros 140 millones destinados a los experimentos. Sin embargo, el presupuesto final aprobado en 2008 ha alcanzado una cifra mucho más elevada, a la que España aporta el 8,3 % del total: 53.929.422 euros.

Es una cifra astronómica. No en vano, se removieron 30.000 metros cúbicos de tierra para poder albergar a 100 metros de profundidad los 1.232 tramos componen este colosal acelerador. Cada tramo pesa 15 toneladas, y necesita trabajar a 300 grados por debajo de la temperatura ambiente para convertirse en superconductor, y así ofrecer la mínima resistencia y pérdida de energía.

El acelerador debe permanecer bajo tierra para asegurar la alineación milimétrica de sus imanes, lo cual constituye otro reto para esta monstruosa obra civil: se requiere congelar el suelo del túnel para que las corrientes subterráneas de agua no impidan modelar el terreno.

Pero ¿cómo es la experiencia de estar allá abajo? Para quienes no hayáis tenido la oportunidad de visitar el CERN, en el próximo capítulo os lo describiré.

El LHC para tontos (IV)

Estar en las entrañas donde se aloja el LHC es una experiencia casi mística que pude experimentar en mis carnes hace un par de años, cuando tuve la oportunidad de viajar hasta allí en bicicleta: en plan Camino de Santiago, pero con mucho más sentido (al menos para mí).

Allí todo posee proporciones megalíticas. Por ejemplo, imaginaos estar en una de las cavernas principales, de hasta 35 metros de alto (lo equivalente a un edificio de 10 plantas), 30 de ancho y más de 50 de largo; todo un récord en el tipo de roca donde se ha excavado, la arenisca, que es una roca heterogénea.

Para ello se han empleado máquinas innovadoras como una enorme tuneladora de 100 metros de longitud que literalmente se come la tierra y que avanza como si fuera un topo metalúrgico, con un diámetro de 3 o 4 metros, a una velocidad media de 30 metros al día. O los electroimanes que se han construido en diferentes laboratorios y que luego han debido transportarse en grandes vehículos hasta el CERN, a ritmo de caracol, como si se transportaran objetos de otro mundo.

En definitiva, un faraónico trabajo ininterrumpido de 24 horas al día en el que más de 450 personas trabajan desde 1999, donde todo se hace con tal precisión que hasta se tiene en cuenta la fuerza gravitacional de la luna, cuyas fases, según los ingenieros, podrían desplazar ligeramente las masas de tierra y provocar que fracasara todo el proyecto.

Llegar hasta este artefacto que recorre bajo tierra un inmenso círculo que cruza las fronteras francesas y suizas no es nada fácil. Bueno, si sois visitantes, tendréis determinado acceso. Os recomiendo que hagáis una reserva a través de su página web. La visita es completamente gratuita y dura media jornada, aunque es desaconsejable para menores de 10 años. La entrada os permitirá acceder a dos programas experimentales, entre ellos el LHC, a la fábrica de antimateria y al sincrotrón de protones. El itinerario es fijado por la organización en función de la disponibilidad de las zonas.

Si no tenéis ganas de reservar con 6 meses de antelación, os queda la alternativa de visitar el Microcosmos, el museo interactivo del CERN pensado para divulgar al gran público (aunque sólo el francés, inglés, alemán o italiano) los secretos de la materia: rayos cósmicos, antiprotones, quarks, gluones o el bosón de Higgs. También se puede contemplar una recreación de los primeros instantes de vida del universo en los aceleradores de partículas y entender (dentro de lo posible para los que no somos físicos) los aparatos gigantescos que, paradójicamente, se usan para estudiar lo más pequeño.

Pero si sois físicos acreditados, podréis llegar más allá. Y es que el CERN se parece a unas instalaciones militares de alto secreto, como en las películas de espías. Un pueblecito donde residen centenares de científicos de múltiples países: aquí fue donde se desarrolló, entre otras cosas, la WWW (World Wide Web), en 1989, el protocolo informático que ahora todos usamos para navegar por Internet mediante páginas web.

Así pues, tras cruzar los accesos exteriores, el físico de partículas que quiera llegar hasta el LHC deberá situar sus ojos delante de un escáner de pared, también como en las películas de espías. El escáner compara la red de sus vasos sanguíneos en el fondo de su globo ocular con una base de datos de las personas autorizadas para pasar. Si el acceso es concedido, entonces el físico podrá entrar a los túneles.

Las entrañas del LHC, entonces, quedan a la vista. Y un rápido vistazo confirma que las inmensas instalaciones son una mezcla entre la grandilocuencia gótica de la catedral de Nôtre Dame y el futurismo de la sala de control de la nave Enterprise.

Y entonces contemplaréis lo que os describiré en la siguiente y última entrega de esta serie del LHC para tontos.

El LHC para tontos (y V)

Las bobinas superconductoras de niobio y titanio deberían producir un campo magnético unas 200.000 veces mayor que el de la Tierra. La alimentación aporta 12.000 amperios de corriente continua a los imanes, y un flujo constante de helio líquido mantiene el artefacto a 271,25 grados bajo cero.

Sí, desde el día que se acabó su construcción, el colisionador permanece enfriándose hasta que alcance su temperatura de funcionamiento: –271,25 grados centígrados (es decir, 2 grados por encima del cero absoluto, la temperatura más baja capaz de conseguirse en el universo). La construcción más formidable del ser humano, pues, es una construcción más fría que el hielo del Polo Norte.

En las entrañas del LHC se están preparando cinco experimentos diferentes de detección de partículas. ATLAS y CMS serán los detectores encargados de partículas generales, LHCb, ALICE y TOTEM, sin embargo, serán más especializados. Estamos hablando de detectores de hechuras similares a las de la catedral que describe Ken Follet en su novela (literalmente se dice que en la caverna subterránea donde se encuentra alojado el detector ATLAS, de 12.500 toneladas, cabría la catedral de Notre Dame).

Algunas de las respuestas que los científicos esperan encontrar cuando empiecen a colisionar las primeras partículas son: saber con exactitud en qué consiste la masa, pues hoy en día sólo sabemos medirla.

Saber qué número de partículas componen el átomo, además de ya las conocidas.

Saber la naturaleza de la llamada materia oscura, un tipo de materia que nadie ha visto ni detectado aún pero que, supuestamente, por inferencia, se cree que compone el 95 % de toda la materia del universo.

Saber si existen otras dimensiones; simular el Big Bang a pequeña escala, la explosión que ocurrió hace 15.000 millones de años y que dio origen al universo (y que fue acuñada mordazmente por el astrónomo Fred Hoyle, irónicamente para desacreditar esta idea tan extraña).

Y por último y más importante: hallar el bosón de Higgs o partícula divina, que sería un paso significativo en la búsqueda de la Teoría de la Gran Unificación, la teoría que pretende unificar tres de las cuatro fuerzas fundamentales del universo. Lo sé, todo esto suena a chino, o peor: a chino científico.

Pero algunos de estos caminos del conocimiento podrían afectarnos más de lo que creemos a nivel filosófico: quizás la libertad sea una ilusión y todo el universo, nosotros incluidos, sigamos un comportamiento determinado por leyes físicas que se originaron en el principio de los tiempos. Quizás el viaje en el tiempo sea posible. Quizás existen universos paralelos.

Las colisiones, sin embargo, pese a producirse en un lugar tan abrumadoramente gigantesco, poseen una sutileza casi artística. Para que todo funcione correctamente, no sólo se ha de llegar al frío más gélido del universo, sino también se debe lograr que miles de elementos individuales bailen en armonía y que todo se sincronice a menos de una billonésima de segundo, con objeto de que haces de hadrones, más finos que un cabello humano, choquen frente a frente.

Y el resultado gráfico de tales colisiones será puro arte, y nada tendrá que envidiar en belleza a un Jackson Pollock. Como muestra, la siguiente imagen tratada informáticamente para su distribución pública, que bien podrían ser los trazos de un cubista o los arañazos de un gato cósmico.

En definitiva, el LHC es un experimento ambicioso, un desafío arquitectónico, científico e intelectual, como las pirámides egipcias o la Gran Muralla china; un viaje al principio de los tiempos para recrear el instante en el que el Big Bang generó todo el universo.

Por esa razón, cuando viajé a Suiza en bicicleta me sentí obligado a recalar en el CERN. Para pisar la tierra que quedaba por encima y acaso notar su magnificencia y su fuerza telúrica bajo mis pies. Con el mismo sentimiento reverencial con el que se visita una catedral.

Si Rilke dijo que una catedral gótica es música hecha piedra, el LHC, la catedral del Big Bang, interpretará el pentagrama del universo. Y sigo manteniendo mi idea de que Ken Follet debería haber escrito Los pilares de la Tierra basándose en el Gran Colisionador de Hadrones. Aunque habría vendido muchos menos ejemplares, eso también es cierto.